Es cierto que la situación de Colombia requiere de políticos y liderazgos que busquen fortalecer el desarrollo y crecimiento económico, social y empresarial del país. Hay una responsabilidad grande en estos personajes, y más en tiempos electorales, donde es el momento para que cada persona que busca el poder político quiera venderse como la mejor y única opción. Pero también existe responsabilidad en el consumidor, en el electorado y en general, en las personas que hacen parte de la ciudadanía.
El filtro de información y de mensajes que llegan a través de diferentes medios y canales debe ser parte constante de cada individuo. Considero pertinente filtrar mensajes y narrativas que, aunque suenen muy bien, no significan que sean beneficiosas. En la era del constante emocionalismo narrativo, es fundamental hacerse preguntas y objetar, desde el criterio y la contrastación de información.
Los discursos populistas, aquellos cuyo mensaje busca conectar con la masa, indicando lo que se quiere escuchar y suena muy bien porque los efectos inmediatos podrían parecer muy significativos para una solución radical, como es el caso de altos incrementos salariales, luchas perpetuas contra elites de ricos versus pobres, acabar con impuestos, entre otros, no son realmente posibilidades vistas desde el rigor técnico, juicioso y de país. Todo esto, porque sus consecuencias son dañinas a un plazo corto o mediano o no es posible que se cumpla.
Son muchas las promesas que en época electoral los candidatos harán; la ciudadanía debe preguntar: ¿cómo se hará? ¿Y cuáles son sus consecuencias? La premisa fundamental es que no todo lo que suena muy bien y bonito es necesario o viable. De una vez, para que se tenga en cuenta, el candidato que vuelva a prometer, como lo hizo Petro, que acabaría con el ELN en corto tiempo, no es posible que pase. De hecho, uno de los grandes problemas de fondo que tiene el país es la multicriminalidad, la cual no se acaba en meses porque ya tomó mucha más fuerza y porque requiere de acciones integrales que no se dan bajo fórmulas mágicas.
Las cadenas de desinformación que se dan por redes sociales digitales son un motor para que estos discursos mentirosos sigan tomando fuerza. Como parte de la ciudadanía, es importante preguntarse cuál es el tema, su trasfondo histórico y contextual y, sobre todo, quién es el personaje que está prometiendo o diciendo algo sobre ese tema. Se debe tener en cuenta, que en lo contemporáneo es muy fácil tener multiplicadores de contenido a favor de un personaje (las denominadas bodegas).
Soluciones inmediatas o bajo mecanismos que suenan rápidos y contundentes como decir que se bajan impuestos o recortan salarios, por ejemplo, deben analizarse con desconfianza. Otro ejemplo, que se diga en periodo electoral que “baja la gasolina” (300 pesos) es solo populismo, debido a que su incremento ha sido muy superior (más de 6 mil pesos). En ocasiones, solo son dulcecitos que los políticos le dan a la ciudadanía para apartar la atención de otros hechos como son corrupción, orígenes reales de grandes gastos como contratos para pagos de favores políticos o incremento del gasto público (lo que gasta el Estado).
Es un momento fundamental para que cada persona se informe y filtre información sobre promesas y narrativas emocionales que no conducen a nada favorable, y solo buscan dañar las instituciones, las cuales se necesitan, con sus males y desperfectos, pero que en Colombia han sido pilares para la vida y el bienestar de la sociedad. Sino es así, solo vean el caso de la salud, la cual nunca fue perfecta y tenía mucho por mejorar, pero que hoy, está siendo acabada generando efectos negativos en la población.
El político que destruye seguirá viviendo en su burbuja que en ocasiones utiliza como escudo para movilizar masas, ejemplo, el socialismo, el cual narrativamente lucha contra el capital, pero en la realidad vive de y en él. La ciudadanía debe votar desde convicciones y confrontando relatos populistas y mentirosos.





