El terremoto registrado en Birmania y Tailandia, de magnitud 7,7, ha dejado al menos 200 muertos y 730 heridos, según un informe divulgado en las últimas horas. El epicentro del sismo se ubicó a unos 17 kilómetros de Mandalay, la segunda ciudad más grande de Birmania, con una profundidad de 10 kilómetros.
La región más afectada por el temblor ha sido Sagaing, una de las áreas más vulnerables del país. Además de las víctimas mortales y los heridos, los daños materiales son considerables, con edificios colapsados y viviendas destruidas, lo que agrava aún más la situación en la zona.
En medio de este caos, la junta militar birmana ha declarado el estado de emergencia ante la magnitud de los daños y ha realizado un raro llamamiento a la ayuda internacional para hacer frente a la crisis.
Por su parte, las autoridades internacionales, incluida la ONU, han activado sus protocolos de emergencia. Tom Fletcher, jefe de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas (OCHA), informó que los equipos de crisis están respondiendo rápidamente para brindar apoyo.
Los medios locales advierten que el número de víctimas podría ser mucho mayor, y organizaciones como World Vision y Christian Aid ya se han movilizado en el terreno para asistir a los afectados por este devastador desastre.
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