miércoles, enero 19, 2022

Los arrepentidos

Por María Clara Gómez

Hace unos pocos días atrás tuve la oportunidad de encontrarme con un amigo, compañero de universidad, el cual hacía tiempo no veía. Luego de que guiara una actividad para nuestro equipo de trabajo me aparté del grupo para conversar un rato con él. En su exposición mencionó el proceso que había tenido la ciudad cuando varias importantes obras y centros culturales se habían construido gracias a la articulación del sector privado con la alcaldía. Vale recordar que reconocidos espacios de ciudad se construyeron gracias a la iniciativa privada y la acción pública como el aeropuerto Olaya Herrera, obra que nació en 1933 en el espacio que ocupaba la “Hacienda Las Playas” lo cual dio lugar al Campo de Aviación Las Playas. De igual manera el antiguo Palacio Municipal, el Museo de Antioquia y otros más, son producto de esta colaboración público privada de tantos años que llevó a que Medellín fuera el epicentro del desarrollo de la región y referente de país.

A partir de ello, comentábamos que justamente era eso lo que Daniel Quintero (“El Nefasto” o “El Breve”) había logrado destruir en menos de dos años de perversa gestión en la alcaldía. De ahí tocamos el tema de la revocatoria, la forma extraordinaria como había avanzado hasta llegar a presentar las 305.000 firmas y lo importante que era que las personas salieran a votar. Y fue en ese momento cuando mencionó que, en términos generales, las personas con las que hablaba se mostraban arrepentidas de haber votado por este sujeto responsable del peor deterioro de la ciudad luego de la trágica década de los ochenta donde el narcotráfico sembró destrucción y desesperanza; arrepentimiento que al parecer se volvió generalizado, no solo en los ciudadanos de a pie sino en líderes políticos y personajes reconocidos en la ciudad.

Recordemos que hace poco menos de un mes Luis Bernardo Vélez, concejal y aliado en campaña de Quintero, dijo estar arrepentido de apoyarlo. Lo extraño es que lo hace manifiesto pasados casi dos años de desastrosa gestión y claro retroceso para la ciudad. Hoy es tal su arrepentimiento que hizo parte del fallido acuerdo para alcanzar la presidencia del Concejo y fortalecer la bancada opositora. Por su parte Jesús Abad Colorado, también afín a las ideas progre, probablemente encubadas durante su paso por la universidad donde se destacó por sus habilidades para la fotografía, hoy día señala que lo apoyó atendiendo la solicitud de amigos del sector de la cultura y el periodismo, sectores que tradicionalmente se enfilan en las ideas de izquierda adoptando una posición que Ortega y Gasset acertadamente denomina de “pseudo intelectuales chafados”. Inclusive, colaboradores cercanos y funcionarios de la alcaldía que trabajaron abiertamente en su campaña hoy engrosan las filas de quienes hacen actos de contrición por su falta de criterio y sensatez.

Una situación similar me ocurrió en conversación con una compañera de oficina. Ella, en su acostumbrado tono de superioridad intelectual, me decía que “todos debíamos estar muy arrepentidos de haber votado por Quintero”, que debíamos promover una campaña diciendo me equivoqué al votar, a lo cual le respondí que yo no estaba arrepentida puesto que no había votado por él y que, por el contrario, estaba indignada porque personas como ella, que alardeaba de su formación profesional, se hubieran dejado engatusar por un discurso populista, que no hubiera al menos leído el programa de gobierno para identificar desde el comienzo lo gaseoso de sus propuestas apuntaladas en un ataque a la supuesta corrupción que rodeaba a Hidroituango, o hubiera prestado atención a los antecedentes que bien registraban los medios y redes sociales respecto a su vinculación con individuos como Gustavo Petro. Al escucharme, me dirigió la misma mirada de sorpresa que tendría mi abuela si me viera llegar a su casa en topless. Creo que su desconcierto y molestia estaban, no tanto en mi reproche, sino en que no hubiese sido solidaria con ella para compartir su “arrepentimiento” al haber caído en el discurso tramposo de este individuo.

Y es que se ha hecho común que estos profesionales tan “progres”, que se dicen de avanzada, que presumen de su extensa e importante formación académica parecen párvulos a la hora de situarse en la realidad política no solo de la ciudad sino del país, hoy se declaran arrepentidos por dar su voto a Quintero Calle.

Con gran desconocimiento de la historia, no sé si debido a un desprecio deliberado porque la historia no es un tema de moda en las conversaciones “play” o producto de las perversas acciones educativas que generaron narrativas muy cuestionables sobre historia y geografía, hoy tenemos vacíos muy significativos en cuanto a conocer hechos del pasado del país, particularmente con relación a la violencia reciente y el actuar de grupos armados que hoy presumen de tener representantes en el gobierno sin haber pagado un día de cárcel por los homicidios, desapariciones, violaciones, atentados terroristas, masacres, extorsiones y secuestros, entre muchos más delitos cometidos, los cuales estos “progres” no osan cuestionar pues coinciden con supuestas tesis de justicia social que solo reproducen la envidia, anulan la iniciativa productiva y generan, además de una excesiva carga presupuestal a partir de los numerosos subsidios, que muchos individuos vivan a expensas del trabajo de colombianos que cada día se desviven por generar riqueza; ampliando una condición de indignidad e inequidad hacia otros connacionales en tanto quienes de ellos se benefician no retornan nada a través del pago de impuestos, por ejemplo, o de efectuar una contribución en trabajo o servicio social a sus comunidades. Un referente de ello lo tenemos con los indígenas del Cauca, un caño roto en materia de recursos públicos agravado por la connivencia con la guerrilla, el ataque permanente al Estado y sus instituciones, la violencia contra los habitantes de Cali y la afectación de la economía con sus actos terroristas, mal llamados bloqueos. Frente a estos hechos el silencio progre es atronador.

Por el contrario, con solo mencionarles que se es afín a las ideas de derecha, relacionadas con la libertad de empresa, la producción en el modelo capitalista, la equidad en función de oportunidades y no en materia de subsidios, la aplicación férrea de la ley y el actuar legítimo de la fuerza pública, estos “progres”, hoy ARREPENTIDOS, no vacilan en descargar su arsenal de calificativos entre los cuales son recurrentes los señalamientos como “paramilitar”, “fascista”, “explotadora”, “genocida”, “retrograda”, en fin.

Eso sí, adoran la postura de estos sujetos que se presentan como líderes, con ideología nacionalista radical, que pregonan la centralización del poder, la economía social con un marcado discurso ambientalista en contra de la explotación de los recursos del país, con idílicas y descontextualizadas propuestas de reforma agraria y producción agrícola; ideas que prontamente migran a modelos dictatoriales apoyados por militares contrarios a las libertades individuales y colectivas, a economías centralizadas e ineficientes, a sistemas que persiguen cualquier tipo de oposición, controlan los medios de comunicación, manipulan el sistema educativo como instrumento de adoctrinamiento y con  un  aparato propagandista al servicio del máximo líder.

Bien les valdría a estos ARREPENTIDOS cambiar sus románticas conversaciones socialistas adornadas con “selfies” tomadas con celulares de última generación para ser “posteadas” en redes sociales luciendo ropa de marca, todo ello promovido por una economía de mercado capitalista y libertades individuales, por ratos de lectura de textos como “El libro negro del comunismo: crímenes, terror y represión” (1997) escrito por profesores universitarios e investigadores europeos, o “Historia criminal del comunismo” (2013) en los cuales puede apreciarse que la gran utopía del siglo XX, esa misma que hoy predica el candidato de la izquierda inhumana, fue pródiga en crímenes similares a los que ejecutó y sigue ejecutando la guerrilla en nuestro país.

O si no les gusta este tipo de lectura y prefieren la novela tomen en sus manos «El umbral de la eternidad» de Ken Follett, para que, de la mano de uno de sus personajes, en una historia ambientada en la dictadura comunista de la Alemania del Este impuesta por la Unión Soviética, puedan reconocer y entender lo que depara el vivir bajo los idílicos sueños propuestos por los mesías de izquierda criollas que insisten en replicar modelos fallidos como los de Cuba, Venezuela o Nicaragua.

Hoy el arrepentimiento de estos progres es local y persiste la esperanza de cambiar el destino de la ciudad muy pronto. Sin embargo, si estos arrepentidos no asumen una posición responsable y critica con los candidatos que se presentan para dirigir los destinos de país en 2022, el futuro será realmente incierto. En ese caso tendremos por seguro que el arrepentimiento de hoy será un llanto eterno.

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