El presidente de Irán, Masud Pezeshkian, informó que instruyó a su gobierno iniciar contactos diplomáticos orientados a negociar con Estados Unidos, en un escenario marcado por advertencias militares de ese país y movimientos navales en el golfo Pérsico.
El anuncio fue realizado este 3 de febrero a través de un mensaje público en el que el mandatario indicó que las conversaciones tendrán que desarrollarse bajo condiciones que excluyan amenazas y exigencias externas.
Según la declaración difundida por el jefe de Estado iraní, el ministro de Relaciones Exteriores, Abás Araqchí, recibió la orden de buscar un entorno que permita conversaciones que describió como justas y equilibradas, guiadas por principios de interés nacional. Pezeshkian señaló que cualquier proceso se ajustará a los parámetros definidos por la política exterior iraní y a consideraciones de seguridad interna.
El anuncio se produce después de que el presidente estadounidense Donald Trump ordenara en enero el despliegue de una flota naval en la región y advirtiera que podría atacar instalaciones iraníes si no se alcanza un acuerdo que limite el programa nuclear de la República Islámica.
En las últimas semanas, fuerzas estadounidenses movilizaron el portaaviones USS Abraham Lincoln y varios destructores acompañados por tropas adicionales cerca de aguas iraníes.
Medios estadounidenses reportaron que representantes de ambos gobiernos podrían sostener un encuentro en Estambul. De acuerdo con esas versiones, el enviado especial de la Casa Blanca, Steve Witkoff, y el canciller iraní Araqchí participarían en una reunión destinada a explorar la posibilidad de un acuerdo nuclear.
Funcionarios citados por la prensa indicaron que al encuentro asistirían también ministros de Exteriores de Turquía, Catar, Egipto, Omán, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Pakistán.
De concretarse, sería el primer contacto directo entre delegaciones ambos países desde junio del año pasado, cuando las negociaciones se interrumpieron tras el inicio de la guerra entre Israel e Irán. Durante ese conflicto, Estados Unidos participó en operaciones militares que incluyeron bombardeos contra instalaciones nucleares iraníes.
La decisión iraní coincide con gestiones diplomáticas regionales. Varios gobiernos del entorno, entre ellos Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, comunicaron a Teherán que no autorizarán el uso de su territorio para acciones militares contra Irán. Estas posiciones fueron interpretadas por medios internacionales como parte de esfuerzos para reducir el riesgo de una escalada.
El contexto interno iraní continúa marcado por protestas registradas en meses recientes. Según cifras oficiales, los disturbios dejaron 3.117 muertos. Organizaciones opositoras como HRANA reportan 6.842 fallecidos, además de decenas de miles de detenciones y otros casos bajo verificación. Las autoridades sostienen que la situación fue provocada por actores externos, mientras grupos críticos atribuyen las muertes a la represión estatal.
El anuncio de apertura a negociaciones ocurre en paralelo a este escenario de presión diplomática, militar y social, en el que ambos gobiernos mantienen posiciones públicas sobre el futuro del programa nuclear iraní y la seguridad regional.







