Nueva York ha enfrentado un invierno de frío extremo que la ubicó entre los períodos más severos registrados en las últimas décadas. La ocurrencia de temperaturas bajo cero, combinada con fuertes vientos, generó condiciones consideradas de alto riesgo para la población y obligó a las autoridades a activar múltiples alertas y protocolos de emergencia.
Según datos oficiales, al menos 18 personas murieron en la ciudad por causas asociadas al frío intenso. Los fallecimientos se produjeron en distintos distritos y estuvieron vinculados tanto a la exposición prolongada a bajas temperaturas como a incidentes ocurridos en superficies congeladas. Las autoridades continuaron evaluando algunos casos para determinar si el frío fue un factor directo.
Durante los días más críticos, las temperaturas mínimas rondaron los –15 °C, mientras que la sensación térmica descendió hasta los –29 °C debido a ráfagas de viento persistentes. De acuerdo con reportes meteorológicos, estas marcas fueron inferiores a las registradas en el mismo período en algunas zonas de la Antártida, como la estación McMurdo, lo que subrayó la intensidad del episodio.
El Servicio Meteorológico Nacional emitió advertencias de frío extremo para el noreste de Estados Unidos, que afectaron a más de 40 millones de personas, incluyendo grandes áreas urbanas como Nueva York y Filadelfia. Fue la primera vez que se utilizó este tipo de alerta desde su implementación, ante el riesgo de hipotermia y congelación en exposiciones breves al aire libre.
En respuesta, el gobierno municipal activó el “código azul”, un protocolo que garantizará el acceso irrestricto a refugios, amplió la red de centros de calefacción y permitió alojar a personas sin vivienda en hoteles y espacios de modalidad flexible. Además, se desplegaron equipos de asistencia para recorrer las calles y trasladar a quienes se encontraban en situación de riesgo.
El impacto del frío también afectó la infraestructura urbana, por ejemplo, en sectores de Brooklyn, cerca de mil usuarios quedaron sin suministro eléctrico debido a daños en instalaciones subterráneas, provocados por la acumulación de hielo y el deshielo posterior. Las tareas de reparación se vieron dificultadas por las condiciones climáticas extremas.
Las autoridades advirtieron además sobre la formación de hielo negro en calles, puentes y aceras, una capa delgada y transparente que incrementó el riesgo de accidentes viales y caídas de peatones. Se recomendó extremar precauciones tanto al conducir como al circular a pie, especialmente en horarios de baja visibilidad.
Especialistas explicaron que la ola de frío estuvo asociada al avance de una masa de aire ártico proveniente del norte de Canadá, lo que generó una racha prolongada de días por debajo del punto de congelación, en varias zonas del noreste, este período se ubicó entre los más extensos registrados en los últimos 10 a 20 años.
Aunque se esperaba una leve moderación de las temperaturas hacia finales del invierno, los pronósticos indicaron que las condiciones invernales continuarían afectando a Nueva York durante varias semanas más, manteniendo el riesgo asociado a las heladas y al frío extremo.






