La reciente captura del entonces presidente venezolano Nicolás Maduro, ocurrida el 3 de enero de 2026, abrió un nuevo capítulo en el debate internacional sobre capacidades militares no convencionales. El tema volvió a la agenda pública luego de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmara que el Pentágono utilizó un arma “secreta” durante la operación, a la que se refirió con el nombre de “descombobulador”.
Las declaraciones de Trump se conocieron en una entrevista concedida al diario The New York Post, en la que aseguró que este dispositivo fue clave para neutralizar el equipamiento militar venezolano sin necesidad de un enfrentamiento directo. “El descombobulador hizo que el equipamiento dejara de funcionar”, dijo el mandatario, aunque aclaró que no estaba autorizado para ofrecer detalles técnicos sobre su funcionamiento.
Según el presidente estadounidense, durante la operación las fuerzas venezolanas intentaron activar sistemas de defensa que incluían tecnología de origen ruso y chino, pero estos no respondieron. “Apretaron los botones y nada funcionó”, señaló Trump, al describir una situación en la que los sistemas permanecieron inoperantes pese a estar aparentemente encendidos. En una comparecencia previa, también había mencionado que amplias zonas de Caracas quedaron sin suministro eléctrico durante la intervención, atribuyéndolo a “cierta pericia” de Estados Unidos.
Hasta el momento, el Pentágono no ha confirmado ni desmentido la existencia de un arma denominada oficialmente “descombobulador”, ni ha ofrecido información adicional sobre los medios empleados en la operación. Tampoco se han divulgado documentos técnicos ni comunicados oficiales que detallen el tipo de tecnología utilizada, lo que mantiene el asunto en el terreno de la reserva militar.
Analistas en temas de defensa consultados por distintos medios coinciden en que las declaraciones de Trump apuntan a capacidades de guerra electrónica, un campo en el que varias potencias han invertido de manera sostenida en las últimas décadas. Estas tecnologías buscan afectar sistemas de comunicación, radar o mando y control del adversario, reduciendo su capacidad operativa sin recurrir al uso directo de armas convencionales.
No obstante, expertos subrayan que cualquier explicación sobre el funcionamiento específico del supuesto “descombobulador” carece, por ahora, de respaldo oficial verificable. La información disponible se limita a los señalamientos públicos del presidente de Estados Unidos y a interpretaciones generales sobre posibles herramientas de interferencia electrónica.
En ese contexto, el caso pone de relieve el creciente peso de las operaciones basadas en tecnología avanzada y secretismo estratégico. Mientras no haya pronunciamientos formales del Departamento de Defensa, el “descombobulador” seguirá siendo un término político que describe una capacidad no detallada, utilizada, según Washington, para garantizar una operación rápida y con mínima confrontación armada.




