Por: Óscar Jairo González Hernández
¿Qué es para usted ser poeta y cómo y desde dónde lo lleva a su mayor momento de realización y realidad Ser poeta es habitar poéticamente el mundo. El poeta habita el mundo y a medida que lo nombra, necesita de la palabra como un punto de redención del caos; es decir, sin la expresión de su dolor, de su inconformidad o de su beneplácito, no podría reconocerse?
Dice Odysseus Elytis “¿Cuál es el deber del poeta? Poner gotas de luz en la oscuridad.” Es habitar el mundo desde la poesía, más allá de lo que pueda la ciencia advertirnos sobre el ser humano. La poesía relatora de pastizales intestinos, de las situaciones endógenas propias del amor y del desamor naturales y colindantes entre lo real y lo absurdo; porque de todo material se ha hecho el hombre y buena parte de nuestras proezas consiste en poder liberarnos de las ataduras.
El poeta mira la realidad, es decir, se demora, se detiene en las percepciones, emociones, encuentros, pensamientos, sueños, distracciones, sorpresas. «Poéticamente habita el hombre», dice Hölderlin. Hay canciones urgentes y poemas urgentes y cuando los señores de la guerra no dan tregua y los de la ciencia no pueden darnos esperanza, se precisa de la poesía Nuestra existencia no es un acto reflejo, ni un ejercicio automático, sino una construcción paulatina de vivencias que van erosionando nuestra superficie, que nos causan dolores y plácemes, que nos lleva a lugares deseados y nos niega evidentes claustros.
Ser poeta es una manera de estar en el mundo, un modo de vivir, de mirar, de explorar. Es una forma de la soledad y de encuentro con el otro. ¿Cómo y por qué siente y sabe usted que la poesía es necesaria y esencial para el desarrollo de la formación del ser humano y si le da sentido o no a su existencia Hablar de la poesía es como referirme a la familia, a mi casa, al pan de cada día, a los amigos, a lo que amo, por lo que vivo.
La poesía no es un accidente o un pasatiempo, es un destino, una urgencia. El poema es la tabla de salvación. La poesía es una felicidad, pero también, como afirma Capote: «Cuando Dios te da un don, también te da un látigo, y ese látigo es solamente para autoflagelarse», y es que a partir de la disección que implica el poema, hay un enfrentamiento con uno mismo. No hay una escritura plácida, es un lanzamiento al precipicio, es meter el dedo en la herida. La poesía es una forma de resolverse, de aprehender la belleza del mundo.
Herida, desgarradura, cicatriz. Y es, además, liberación, medicina que alivia, ancla, acto de resistencia. La vida humana es un descenso al Hades, un reino de escombros. Nos hemos distanciado de las fuerzas de la tierra, de la esencia. Nietzsche nos dice que “El desierto está creciendo. ¡Desventurado el que alberga desiertos!” La poesía nos salva, nos devuelve el lenguaje esencial, nos retorna ese idioma de los árboles, nos reconcilia con la vida y con la muerte; la poesía lucha contra el desierto que avanza, el poema es la soga que te rescata del infierno o te hunde.

En su técnica o método de creación poética, ¿qué intervención tiene y qué poder le da y le concede a la intuición y a las sensaciones? La poesía es poner la vida, los asombros, las afecciones, las intuiciones y sensaciones en palabras. El cuerpo es una máquina de sensaciones. Me detengo a saborear los momentos del día, repaso imágenes y texturas. Agradezco la muerte y la vida.
El cuerpo en comunión con cada sensación. Es tan evidente y simple la belleza o, como lo dice Borges: “He atestiguado el mundo. He confesado la rareza del mundo. He cantado lo eterno (…) he dicho asombro donde otros dicen solamente costumbre” La creación poética se trata de un viaje, una inmersión personal, una observación directa. Es la lectura detallada del contexto, desentrañar los imaginarios, indagar poéticamente espacios, personajes, historias, rituales que posibilitan el descubrimiento de la esencia.
Es explorar poéticamente la cotidianidad, el redescubrimiento de la estética del lugar que habitamos. ¿Podría indicarnos tres principios básicos y nodales que cubren y poseen su poética y cómo los involucra en su poesía e indicarnos el porqué? Al demarcar unos principios medulares de la búsqueda poética, es indispensable nombrar la intención de un lenguaje preciso, sencillo, claro.
El poema captura imágenes donde la belleza sufre; es la belleza en el ojo del poema y necesariamente se persigue la desnudez en la expresión poética, la honestidad, la claridad. LA ESCRITURA COMO UN PERRO CON BOZAL La escritura como una soga Para salir del infierno. Andar a pie limpio, herirse los pies Con palabras quebradas. La escritura como una soga para colgarse de una viga. Llamar, aullar, tachar, borrar, atacar infructuosamente, atacar como un perro con bozal.
La escritura como la soga, la viga, el infierno, el perro, el bozal… ¿Cómo y desde dónde median y se incrustan en su poesía las relaciones con el misterio de la naturaleza o no y por qué? Las sociedades actuales, atravesadas por la guerra, el consumismo desenfrenado, la corrupción, la anomia social, el utilitarismo y el culto desmedido por la lógica, la razón, la tecnología, han perdido algunas de las búsquedas auténticas del ser humano. Habitamos un mundo desacralizado, lejos de la comunión con la tierra y las fuerzas vivas del universo.
En medio de la barbarie que crece, es urgente recuperar los lazos trascendentes que nos unen con la vida, con la naturaleza, y es precisamente la poesía quien devuelve el lenguaje esencial, el lenguaje fundamental que posibilita una sensibilidad y una percepción más profunda. Como Celan veía a la poesía: una especie de regreso a casa.

Fotografía de Edwin Rendón por Patricia Cuervo Osorio





