Tras semanas de presión estadounidense y amenazas de aranceles, La Habana sostuvo que negociaría solo sin precondiciones y en igualdad de condiciones.
El presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, anunció el jueves que su gobierno estaba dispuesto a dialogar con Estados Unidos, pero únicamente sin presiones ni precondiciones, en un momento crítico para la isla debido a la disminución de suministros de petróleo procedentes de Venezuela y México.
En un discurso transmitido por la radio y televisión estatales, Díaz-Canel indicó que cualquier diálogo tendría que desarrollarse desde una posición de igualdad, respetando la soberanía, independencia y autodeterminación de Cuba, y sin injerencia en asuntos internos.
Por esto, señaló que, pese a las diferencias políticas, ambos países debían conversar sobre temas migratorios, de seguridad, lucha contra el narcotráfico y el terrorismo, asuntos medioambientales y cooperación científica y académica.
El mandatario cubano describió la situación de su país como compleja, destacando que las recientes medidas estadounidenses habían generado un “desabastecimiento agudo de combustible”, afectando sectores clave como la electricidad, hospitales y escuelas. Según Díaz-Canel, el Consejo de Ministros había actualizado un plan para afrontar la crisis energética, mientras calificaba las acciones de Washington como un bloqueo energético “criminal”.
Las declaraciones coincidieron con las de Carlos Fernández de Cossío, viceministro de Relaciones Exteriores, quien señaló que Cuba estaba lista para un diálogo significativo, pero sin negociar cambios en su sistema político ni constitucional. Fernández de Cossío precisó que, aunque se habían producido intercambios de mensajes a altos niveles, todavía no se había establecido un diálogo bilateral formal con Estados Unidos.
La postura de la isla surgió después de semanas de presión por parte del gobierno estadounidense, encabezado por Donald Trump, tras la captura contra Nicolás Maduro y la presión por instaurar un proceso de transición en este país con Delcy Rodríguez.
En medio de este escenario Trump firmó una orden ejecutiva imponiendo aranceles a países que suministraran petróleo a Cuba, tras cortar los envíos desde Venezuela y amenazar con sanciones a México, segundo proveedor de crudo de la isla. Trump también afirmó públicamente que Cuba estaba “lista para caer” y sugirió que la presión energética podría llevar a la isla a negociar.
En respuesta, Díaz-Canel insistió en que el pueblo cubano no odia al pueblo estadounidense, y destacó los valores compartidos y los espacios de cooperación en ámbitos científico, deportivo, religioso, cultural y sanitario, los cuales podrían servir de base para una relación civilizada entre vecinos.






