La bahía de Matanzas volvió a situarse en el centro del panorama energético cubano tras detectarse, mediante imágenes satelitales y plataformas de seguimiento marítimo, una concentración poco habitual de buques petroquímicos operados por GAESA, el conglomerado empresarial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Este movimiento se produce en un momento crítico para la isla, marcado por la reducción drástica de los envíos de petróleo desde Venezuela y por crecientes dificultades para acceder a crudo proveniente de otros proveedores tradicionales.
De acuerdo con los registros disponibles, al menos seis barcos se encontraban fondeados en Matanzas a comienzos de enero, muy cerca del muelle que alimenta la base de supertanqueros. A este grupo se sumaría un séptimo navío en las horas siguientes, reforzando la percepción de que el régimen cubano estaría reorganizando sus reservas de combustible en uno de los principales puntos de almacenamiento del país.
Entre las embarcaciones localizadas figuran el Sandino, procedente de La Habana; el Ocean Integrity, que salió del puerto del Mariel; el Alicia, anclado en la bahía desde los primeros días de enero; el Marlin Ammolite, llegado poco después; el Pastorita, incorporado recientemente; y el María Cristina, presente desde diciembre. A ellos se añade el Primula, que partió de Nipe, en el oriente cubano, con destino a Matanzas.

Reorganización de existencias en un nodo estratégico
Según un informe del diario de Cuba, estos buques no han realizado viajes recientes a Venezuela, como era habitual en años anteriores. Su operatividad reciente se ha centrado en el cabotaje interno de combustibles entre puertos de la isla o en su uso como buques depósito. Esta última función ha sido clave en operaciones de descarga barco a barco, una práctica utilizada para transferir hidrocarburos sin pasar directamente por terminales portuarias, especialmente en contextos de sanciones internacionales.
La concentración de navíos en Matanzas sugiere que La Habana estaría descargando o reubicando las existencias disponibles, posiblemente las últimas reservas significativas con las que cuenta en este momento. Los datos satelitales muestran, además, un tráfico muy limitado de nuevos tanqueros rumbo a Cuba, lo que refuerza la idea de un escenario de escasez prolongada.
En la actualidad, solo un barco aparece en ruta hacia la isla tras cargar petróleo en México. Se trata del Ocean Mariner, con llegada prevista a La Habana el 8 de enero. Otros buques que transportaban crudo ruso o mexicano completaron descargas semanas atrás y ahora se encuentran en diferentes puntos del país. El Jasper descargó en Matanzas a finales de diciembre y posteriormente se desplazó a Santiago de Cuba, mientras que el Eugenia Gas permanece en Moa desde mediados de ese mes. Por su parte, el Esperanza salió de Matanzas rumbo a Nipe, aparentemente para abastecer a las empresas mineras con inversiones en la zona de Moa.
El impacto de la crisis venezolana en Cuba
Este escenario energético se desarrolla en paralelo a un giro abrupto en el contexto geopolítico regional. La intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, que derivó en la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores y en procesos judiciales en Nueva York, coincidió con un endurecimiento de las sanciones y con el bloqueo de embarcaciones asociadas al comercio petrolero venezolano. La medida ha tenido un efecto directo sobre Cuba, uno de los principales beneficiarios del crudo enviado por Caracas durante más de dos décadas.
Hasta hace poco, Venezuela cubría alrededor de un tercio de las necesidades energéticas cubanas, bajo un esquema de intercambio basado en el envío de petróleo a cambio de servicios profesionales, incluidos médicos, docentes y asesoría técnica y de inteligencia. Sin embargo, entre enero y noviembre de 2025, los envíos se redujeron a unos 27.000 barriles diarios, una cifra inferior a la de 2024, según datos citados por la agencia Reuters.
A esta disminución se sumó un menor suministro desde México y las dificultades para acceder a crudo ruso en condiciones favorables. El resultado ha sido una presión creciente sobre un sistema energético que ya arrastraba problemas estructurales en la generación eléctrica, el mantenimiento de las termoeléctricas y la refinación de combustibles.
Costos económicos y efectos internos
Las consecuencias económicas de este panorama son significativas. El investigador Jorge Piñón, del Instituto de Energía de la Universidad de Texas, explicó que, en un escenario en el que Cuba tuviera que adquirir el 100% de su petróleo en el mercado internacional, la factura anual podría alcanzar los 3.000 millones de dólares. A ello se sumaría el encarecimiento derivado de la calidad del crudo disponible, con mayores contenidos de azufre que impactan especialmente los precios del diésel y el fuel oil.
En el plano interno, la reducción del suministro energético se traduce en un aumento de los apagones, restricciones al transporte y dificultades adicionales para una economía que permanece semiparalizada desde hace varios años. Aunque las autoridades no han anunciado oficialmente nuevas medidas de racionamiento, el contexto permite anticipar decisiones más severas en materia de consumo eléctrico y uso de combustibles.
Algunos analistas internacionales, han señalado en la mañana de este martes, que el buque petrolero interceptado hace pocas horas por el gobierno norteamericano en el aguas Caribe, y que tenía pintadas banderas rusas falsas, pertenecería a un intento de Cuba, por transportar petróleo venezolano hacia la isla, cambiando el nombre de la embarcación y la bandera, para tratar de engañar y evadir los controles que hace la armada norteamericana en el Caribe.
La acumulación de buques petroquímicos en Matanzas, observada a través de imágenes satelitales y reportes de navegación, refleja así un momento clave para la gestión energética de Cuba. En un entorno internacional adverso y con fuentes tradicionales de suministro cada vez más limitadas, la isla enfrenta uno de los desafíos energéticos más complejos de los últimos años, con efectos directos sobre la vida cotidiana de la población y sobre el desempeño de su ya debilitada economía.



