El Foro Económico Mundial 2026 inició esta semana en Davos, Suiza, en medio de un clima de tensión política, debates sobre el rumbo de la economía global y cuestionamientos sobre la coherencia entre el discurso y las prácticas de los líderes mundiales.
Bajo el lema “El espíritu del diálogo”, el encuentro reunirá a cerca de 3.000 representantes de gobiernos, empresas, organismos multilaterales y sociedad civil.
Uno de los focos centrales del foro será la presencia, directa e indirecta, del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sus recientes decisiones en política exterior, que incluyen presiones comerciales, tensiones con aliados europeos y ambiciones sobre territorios estratégicos como Groenlandia, han permeado las discusiones tanto en los paneles oficiales como en las reuniones privadas.
Funcionarios europeos y líderes de la OTAN han aprovechado Davos para intentar recomponer canales de diálogo y evitar una escalada en conflictos comerciales y diplomáticos.
América Latina también ocupa un lugar relevante en la agenda. Paneles dedicados a la región han abordado la crisis de confianza institucional, la gobernabilidad democrática, la migración y la seguridad. En estos espacios, jefes de Estado y expertos coincidieron en que la estabilidad política y la credibilidad de las instituciones son condiciones clave para atraer inversión y sostener el crecimiento, en un escenario global cada vez más competitivo y fragmentado.
Por su parte, en el sitio web del World Economic Forum, se expresó que durante el segundo día del Foro un tema central fue el potencial de la inteligencia artificial para América Latina, sobre la que se declaró podría aumentar la productividad entre un 1,9% y un 2,3% anual y generar entre 1,1 y 1,7 billones de dólares en valor económico adicional cada año.
No obstante, se mencionó que el impacto real sigue siendo limitado, ya que solo el 23% de las organizaciones de la región obtiene algún valor económico de la IA y apenas el 6% reporta una creación de valor significativa.
Ante esta brecha, el Foro y McKinsey propusieron una Hoja de Ruta para la Competitividad en IA, enfocada en fortalecer la colaboración regional y coordinar acciones para acelerar la captura de valor.
En el plano geopolítico, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, afirmó que el mundo no atravesaba una transición, sino una ruptura del antiguo orden internacional basado en reglas, el cual, según él, ya no responde a la realidad actual. Advirtió que la retirada y el aislamiento no son una solución, ya que conducirían a un mundo más pobre y frágil.
En su lugar, defendió un enfoque de “realismo basado en valores”, que combine principios con pragmatismo, y propuso un multilateralismo orientado a la acción mediante coaliciones flexibles según los temas. Carney cerró destacando a Canadá como un país estable, con capital, talento y capacidad fiscal para actuar con decisión y atraer inversión en un contexto global incierto.
Por su parte, el presidente de Francia, Emmanuel Macron, describió un escenario internacional marcado por una creciente inestabilidad, el aumento de conflictos armados, la erosión del derecho internacional y una competencia cada vez más intensa entre Estados Unidos y China.
En este contexto, sostuvo que Europa ya no puede dar por sentada su estabilidad, por lo que debe apostar por un multilateralismo efectivo que sirva a sus intereses.
Macron además subrayó que la competitividad europea es una prioridad urgente y planteó tres líneas de acción centrales: mayor protección mediante instrumentos de defensa comercial, una simplificación regulatoria más rápida y una fuerte movilización de inversión, especialmente en sectores estratégicos como la inteligencia artificial, la computación cuántica y el espacio.
Por último, llamó a los inversores a ver a Francia y a Europa como espacios confiables y regidos por el Estado de derecho en un mundo volátil.





