domingo, febrero 1, 2026
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Cinco fuerzas definirán riesgos y decisiones en América Latina en 2026, según Suramericana

La convergencia de riesgos interdependientes y la aceleración del cambio serán factores críticos para América Latina en 2026, según el análisis Perspectivas 2026 de Suramericana, en su rol de gestor de tendencias y riesgos. El estudio señala que cinco fuerzas —fragilidad política, retos económicos, presiones sociales, amenazas tecnológicas y crisis climática— influirán en la toma de decisiones de gobiernos, empresas y ciudadanos.

Estas dimensiones, que incluyen dinámicas políticas, económicas, sociales, tecnológicas y ambientales, se desarrollan de manera simultánea y explican la creciente incertidumbre en la región. Según el informe, los riesgos serán más interdependientes y la velocidad del cambio aumentará, por lo que los gobiernos y las organizaciones deberán centrar sus decisiones en la anticipación.

“Hoy los riesgos convergen, se amplifican y requieren nuevas capacidades de anticipación. Este análisis busca aportar claridad en un entorno desafiante, donde la resiliencia y la gestión del riesgo serán esenciales para el bienestar y la competitividad. Comprender estas fuerzas y prepararse frente a ellas es fundamental para proteger el bienestar, la competitividad y la sostenibilidad”, afirmó Juana Francisca Llano, presidente de Suramericana.

Política: gobernabilidad en tensión
La región llega a 2026 con presiones crecientes sobre la estabilidad política. Persisten riesgos asociados a la corrupción y la debilidad fiscal, lo que limita la confianza ciudadana y la capacidad de respuesta del Estado. El escepticismo democrático aumenta: según Latinobarómetro 2024, solo el 52% de las personas considera que la democracia es la mejor forma de gobierno. La desinformación se consolida como un riesgo estructural, especialmente en un año con más de una docena de procesos electorales que pondrán a prueba la gobernabilidad en América Latina.

Economía: bajo crecimiento y ajustes globales
Las proyecciones económicas apuntan a un 2026 de bajo crecimiento y mayores exigencias fiscales. La región enfrenta un ciclo prolongado de menor dinamismo productivo y menores márgenes para inversión. El Fondo Monetario Internacional proyecta un crecimiento global cercano al 3,1%. Se suman presiones sobre las cadenas globales de valor y brechas estructurales que exigen fortalecer productividad, infraestructura y capacidades tecnológicas. Empresas y gobiernos deberán tomar decisiones estratégicas sensibles a la coyuntura global.

Social: bienestar bajo presión y transformación del empleo
El bienestar social enfrenta desafíos derivados de la informalidad, el envejecimiento poblacional y desigualdades en acceso a educación y salud. Los sistemas de protección social siguen siendo insuficientes frente a cambios demográficos y laborales acelerados. La salud mental emerge como prioridad: la Organización Mundial de la Salud estima que ansiedad y depresión generan miles de millones de días laborales perdidos anualmente. La digitalización y la automatización reconfiguran roles y tareas, lo que demanda nuevas habilidades y mayor coordinación entre gobiernos, empresas y sistemas educativos.

Tecnología: digitalización y ciberseguridad
La aceleración tecnológica transformará los entornos productivos y sociales. La dependencia de infraestructuras digitales críticas y el creciente volumen de datos amplían vulnerabilidades. La inteligencia artificial alcanzará mayor autonomía, con sistemas capaces de ejecutar tareas complejas en diversas industrias. ENISA reporta que los ciberataques contra infraestructuras industriales aumentaron un 140% entre 2022 y 2025, lo que resalta la necesidad de fortalecer resiliencia digital, adoptar arquitecturas Zero Trust y robustecer la gobernanza tecnológica.

Ambiental: estrés hídrico y eventos extremos
Los eventos climáticos extremos continúan aumentando y elevan los riesgos sobre infraestructura, agricultura y ciudades. La Organización Meteorológica Mundial confirma un aumento de 1,1°C respecto a niveles preindustriales, lo que intensifica sequías, inundaciones e incendios. América Latina enfrenta estrés hídrico y presión sobre sus ecosistemas. Las ciudades se convierten en actores clave de la acción climática, mientras estándares globales como ISSB y TNFD aumentan las exigencias en divulgación ambiental y estrategias de transición energética.

“Estas perspectivas para 2026 evidencian que ninguna fuerza actúa de manera aislada. Lo político, lo económico, lo social, lo tecnológico y lo ambiental se influyen mutuamente y requieren decisiones coordinadas y conscientes. Reconocer esa interdependencia es fundamental para actuar con anticipación y construir resiliencia”, concluyó Llano.

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