lunes, febrero 9, 2026
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Bad Bunny y un show lleno de simbolismos

El espectáculo de medio tiempo del Super Bowl LX no fue solo un concierto, fue una declaración de principios. Bad Bunny aprovechó la plataforma global de la NFL para presentar una puesta en escena cargada de simbolismo, mensajes sociales y una narrativa que fue mucho más allá de la música, convirtiendo el estadio en un campo de batalla ideológico y cultural. El popular, Conejo Malo, se metió en un espectáculo netamente norteamericano. Su espectáculo tuvo artistas invitados como Karol G quien bailó en la famosa Casa Rosada, Leidy Gaga que cantó salsa y el puertorriqueño, Ricky Martin.

Uno de los momentos más comentados fue la presencia de un niño durmiendo en una silla de madera en medio del concierto. Este elemento visual, cargado de surrealismo, representó la inocencia protegida y la resiliencia de las nuevas generaciones.

Para muchos críticos, el niño simbolizaba la «siesta» de un pueblo que finalmente despierta, o quizás la calma necesaria frente a la sobreestimulación de un sistema que no se detiene, y para los más osados, fue el niño que hoy en día está en el ojo del huracán por la actuación del ICE.

En un gesto sin precedentes, el «Conejo Malo» facilitó que una pareja de inmigrantes latinos contrajera matrimonio en vivo durante la transición entre Monaco y Después de la Playa. Este acto no fue casualidad y mucho menos actuación, celebrar la unión familiar latina en el corazón de un evento icónico estadounidense y el uso de vestimentas tradicionales mezcladas con estética moderna reforzó el mensaje de que la cultura hispana es parte integral del tejido de EE. UU.

El clímax del show llegó cuando Bad Bunny, vestido con una indumentaria que fusionaba el equipo de fútbol americano con elementos urbanos, realizó una jugada coreografiada para anotar un «touchdown» simbólico. Le metí una anotación en su propio campo, pareció decir el artista con sus gestos.

Este acto fue interpretado unánimemente como una manifestación política directa contra la retórica de Donald Trump. Al anotar en el escenario más importante del deporte estadounidense, Bad Bunny simbolizó el triunfo de la cultura inmigrante y diversa sobre las políticas de exclusión, celebrando su éxito en el «patio trasero» de quienes históricamente han cuestionado la presencia latina en el país.

Acompañado por el sonido del merengue y el trap, Bad Bunny no solo hizo bailar al estadio, sino que utilizó cada segundo de su cuota de pantalla para recordar que el entretenimiento es, en esencia, una herramienta de resistencia.

En el medio del concierto y con un ovoide en sus manos, el artista dejó una frase que muchos hoy repiten: “Soy hoy estoy aquí en el Super Boel 60, es porque nunca deje de creer en mi, tú también deberías creer en ti”.

Como era de esperarse, la respuesta de Donald Trump no tardó en llegar, y lo hizo con la contundencia y el tono incendiario que lo caracteriza. A través de su plataforma Truth Social, el mandatario calificó el espectáculo como «absolutamente terrible» y una «bofetada en la cara» para los Estados Unidos.

Trump arremetió directamente contra la barrera idiomática y la puesta en escena, afirmando que «nadie entiende una palabra de lo que dice este tipo» y describiendo las coreografías como «repugnantes» para la audiencia familiar.

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