El inicio de 2026 ha traído un fenómeno que no pasa desapercibido en la economía colombiana, como lo es el hecho de la caída sostenida del dólar hasta niveles que no se veían desde hace varios años. La divisa estadounidense ha perforado el umbral de los $3.650 y se ha negociado incluso cerca de los $3.610, consolidando una tendencia bajista que viene gestándose desde finales del año anterior. Este movimiento ha convertido al peso colombiano en una de las monedas más revaluadas de la región en el arranque del año, con efectos económicos y políticos que merecen un análisis más profundo.
Lejos de tratarse de un hecho aislado, la apreciación del peso responde a una combinación de factores externos e internos que están redefiniendo el equilibrio cambiario. El dólar barato alivia algunos frentes de la economía, pero también abre interrogantes sobre la sostenibilidad de la tendencia y los riesgos que implica una revaluación prolongada.
Un dólar debilitado y un peso fortalecido
Uno de los motores centrales de la caída del dólar es el cambio en las expectativas sobre la política monetaria de Estados Unidos. Los mercados financieros han comenzado a descontar un giro más agresivo de la Reserva Federal hacia la reducción de tasas de interés, en un contexto de moderación inflacionaria y señales de desaceleración económica. Este ajuste de expectativas ha debilitado al dólar a nivel global y ha impulsado flujos de capital hacia mercados emergentes, donde los inversionistas buscan mayores rendimientos.
Colombia ha sido uno de los destinos de esos flujos. La percepción de estabilidad relativa en el corto plazo, sumada a tasas de interés internas aún atractivas frente a otros mercados, ha fortalecido la demanda por activos en pesos, presionando el tipo de cambio a la baja. En este escenario, el peso se aprecia no solo frente al dólar, sino también frente a otras monedas de la región.
La oferta de dólares y el rol del Gobierno
A los factores externos se suman elementos internos que han incrementado la oferta de divisas en el mercado cambiario. En las últimas semanas, el Gobierno Nacional ha realizado colocaciones de deuda tanto externa como local, operaciones que implican el ingreso de dólares al país y su conversión a pesos para atender compromisos fiscales. Este aumento de la oferta ha tenido un efecto directo sobre el precio del dólar, acelerando su descenso.
Adicionalmente, el mejor comportamiento reciente de los precios internacionales del petróleo ha fortalecido las cuentas externas, pese a qué la inestabilidad en Oriente Medio presiona el precio del barril al alza por estos días. El crudo sigue siendo el principal producto de exportación de Colombia y una fuente clave de dólares para la economía. Cuando los precios del petróleo se mantienen firmes, mejora la balanza comercial, se reducen las presiones sobre el financiamiento externo y se refuerza la confianza de los mercados, factores que suelen traducirse en una moneda local más fuerte. Los próximos días serán claves en saber si la balanza se sostiene.
Impacto en la economía exportadora
La revaluación del peso tiene efectos claramente diferenciados según el sector. Para los exportadores, un dólar barato representa un desafío significativo. Las empresas que reciben ingresos en dólares y enfrentan costos en pesos ven reducidos sus márgenes, lo que afecta su rentabilidad y competitividad en los mercados internacionales.
Sectores tradicionales como el café, las flores, el banano y algunos segmentos de la industria manufacturera son particularmente sensibles al tipo de cambio. En estos casos, una apreciación prolongada del peso puede obligar a ajustar precios, reducir costos o incluso replantear estrategias de producción y exportación. En un contexto de alta competencia global, cada peso de revaluación puede traducirse en pérdida de participación de mercado.
Beneficios para importadores y consumidores
En contraste, los sectores importadores y los consumidores se benefician de un dólar más bajo. La revaluación reduce el costo de bienes importados, insumos industriales, maquinaria, tecnología y servicios contratados en moneda extranjera. Esto puede aliviar presiones inflacionarias, especialmente en rubros donde los precios dependen en buena medida de componentes importados.
El turismo internacional es otro de los sectores favorecidos. Un dólar barato mejora los precios de los tiquetes aéreos, las reservas hoteleras y los paquetes de viaje al exterior, incentivando la salida de colombianos hacia otros destinos. Al mismo tiempo, para los hogares con deudas en dólares o con gastos recurrentes en moneda extranjera, la apreciación del peso representa un alivio directo sobre su carga financiera.
¿Cuánto puede durar la revaluación?
Una de las preguntas centrales es si esta tendencia de revaluación es sostenible en el tiempo. Los analistas coinciden en que, mientras se mantengan las condiciones actuales, dólar débil a nivel global, entrada de capitales, precios del petróleo relativamente estables y ausencia de choques internos, el peso podría seguir fortaleciéndose. No se descarta que el dólar intente romper un nuevo piso y se acerque a niveles de $3.500 en las próximas semanas.
Sin embargo, el mercado cambiario es altamente sensible a cambios en las expectativas. Un giro en la política de la Reserva Federal, una caída abrupta en los precios del petróleo, un deterioro en la percepción de riesgo país o un aumento de la incertidumbre fiscal y política podrían revertir rápidamente la tendencia. En ese sentido, la revaluación actual debe leerse como una fotografía del momento, no como una garantía de estabilidad permanente.
El rol del Banco de la República
El comportamiento del tipo de cambio será observado con atención por el Banco de la República. Aunque la autoridad monetaria no tiene un objetivo cambiario explícito, una revaluación excesiva y prolongada puede generar distorsiones en la economía real, afectar el empleo en sectores exportadores y profundizar desequilibrios estructurales.
Históricamente, el banco central ha intervenido de manera prudente cuando considera que los movimientos del tipo de cambio no reflejan los fundamentos económicos. En este contexto, no se descartan mecanismos para suavizar la volatilidad si la apreciación del peso se acelera de forma desordenada.
El mensaje económico y político
La caída del dólar y la fortaleza del peso envían un mensaje ambiguo. En lo económico, reflejan una mayor entrada de capitales y una percepción de menor riesgo en el corto plazo, lo que puede interpretarse como un voto de confianza de los mercados. Sin embargo, también evidencian una economía altamente dependiente de factores externos y de flujos financieros que pueden cambiar con rapidez.
En el plano político, el dólar bajo suele ser presentado como un indicador positivo, asociado a estabilidad y control de precios. No obstante, el debate de fondo es más complejo, pues una moneda excesivamente fuerte puede terminar afectando la producción nacional, el empleo y la diversificación exportadora, objetivos estratégicos para el crecimiento de largo plazo.
Causas y consecuencias de un peso fuerte
La revaluación del peso colombiano es el resultado de una conjunción de factores globales y locales, más que de una transformación estructural de la economía. Sus consecuencias, positivas y negativas, se distribuyen de manera desigual entre sectores y regiones. Mientras algunos celebran el alivio en costos e inflación, otros enfrentan una pérdida de competitividad que puede tener efectos duraderos.
El desafío para la política económica será administrar este escenario con equilibrio, aprovechand los beneficios de un dólar bajo sin descuidar la sostenibilidad del aparato productivo y exportador. En un entorno internacional volátil, el comportamiento del tipo de cambio seguirá siendo una de las variables clave para entender la salud y las tensiones de la economía colombiana en 2026.



