miércoles, junio 23, 2021
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2020 nos mostró que necesitamos un gran reinicio

POR: Roberto Rave

El año de las muertes, el año de las dificultades, el año de las lágrimas, el año del encierro, el año de la frustración, el año de los miedos, el año de los cambios, el año de la incertidumbre, el año de las despedidas, el año de los años. El año también de los abrazos, de las alegrías, de la consciencia, de la familia, de los amigos, de los reencuentros y también de los encuentros con nosotros mismos. El año de la improvisación de los gobiernos y de la eficacia de la empresa privada.

Según cifras de la Universidad Johns Hopkins, este año termina con cerca de 1,8 millones de muertes globales. En proporción, es como si en lo que va del año muriera casi la población total de la ciudad de París (unos 2,1 millones). En la región latinoamericana las muertes se acercan a los 500.000 a causa de la pandemia, una cifra que supera cualquier conflicto bélico en esta región. Las cifras son aterradoras y las reflexiones infinitas. Sin embargo, un análisis común aborda siempre los textos que inútilmente tratan de sacar conclusiones sobre lo que está ocurriendo: el mundo ha cambiado, no solo en términos de dinámica laboral y de comportamiento del consumidor sino también en lo que respecta a la consciencia y la humanización de las personas. 2020 fue el año en que volvimos a valorar la calidez de un abrazo, la compañía de un familiar, la cercanía al estrechar la mano de un amigo.

Sin embargo, el año de la pandemia ha reflejado también la gran división que existe en el mundo, la devastadora polarización que parte en dos esquinas a los ciudadanos de todos los países, la constante descalificación y la cruda realidad reflejada de forma brillante en las palabras de Moisés Naím: “No quiero idealizar el pasado, ni sugerir que los líderes de antes siempre fueron mejores. Ha habido de todo. Hemos tenido a Hitler y a Churchill, a Mao y Mandela. Pero es indudable que esta pandemia ha sorprendido al mundo en momentos de gran debilidad institucional. Las crisis cierran muchas puertas, pero también abren otras. Esta crisis tendrá muchas consecuencias inesperadas. Quizás una de ellas sea una fuerte reacción contra los gobernantes pequeños y la llegada de líderes que estén a la altura de los grandes problemas que tenemos”.

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