miércoles, abril 21, 2021
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Vive tu vida lo mejor que puedas, sin dañar a los demás

Por Claudia Posada

Ahora resultó que a la enfermedad Covid -19 hay que colgarle otro problema, éste,  ya bautizado. Se trata del Síndrome “Covid persistente” o “long Covid” (algo así como Covid prolongado) y lo nuevo es el nombre porque su manifestaciones ahí han estado en un promedio del 10% de afectados por el virus después de superarlo. A  poco más de un año de declarada la pandemia, y de estar estudiándose,  tiene nombre propio. Si algo bueno podríamos rescatar de esta terrible situación mundial, es que observaciones científicas, de manera importante,  han producido no solamente vacunas contra el virus, sino otros aportes vitales relacionados.

Sabemos de algunas alteraciones en la salud que son señales o síntomas que presenta un paciente infectado. Lo nuevo, es el análisis de algunas consecuencias de la enfermedad, entendidas como secuelas que se prolongan hasta meses; aunque el Síndrome como tal, se enmarca en cuadros de afecciones que podrían prolongarse a lo largo del tiempo. Por fortuna no están presentes en un alto porcentaje de la población, pero sí ameritan mucha atención. Como tales dolencias pueden llegar a disminuir la capacidad funcional del paciente, pues presentan en algunos casos dificultad para concentrarse, alteraciones en la presión arterial, pérdida del gusto y el olfato, entre otros, la recomendación de los profesionales de la salud es la que, en todo caso, no debemos ignorarlas.  El médico de cabecera es el indicado para el seguimiento pertinente.

Otro aspecto de la enfermedad por el Covid-19, claramente establecido por la comunidad médica, es que los jóvenes y adultos jóvenes, asintomáticos, pueden considerarse un foco de contagio serio. Esta revelación lleva a pensar que, al fin y al cabo, siendo población que generalmente está más horas por fuera del hogar, se expone mucho más a contagios, por lo tanto, pone en riesgo  a los demás, generalmente adultos mayores, que comparten la vivienda. Así que el cumplimiento de medias bien sabidas para todos, obliga a ellos con mayor cuidado. Lavarse las manos con agua y jabón abundante y frecuentemente, sobre todo al llegar de la calle, correcta postura del tapabocas (inclusive dentro de la casa para acercarse a sus mayores) y evitar por fuera de la familia, comportamientos que pueden acarrear riegos.

Según los últimos estudios, frecuentes brotes de contagio se presentan al interior de las familias. Esta declaración confirma que si bien la población de mayor incidencia en las cifras de contagios se ubica en adultos mayores, la indisciplina social, es decir,  el incumplimiento de  las medidas establecidas para el control de la propagación del virus, por parte  de los jóvenes y adultos jóvenes, se constituye en alto riesgo para ellos y sus familias. De acuerdo con los últimos reportes, en Colombia han muerto cerca de 62 mil personas por Covid-19 y más de dos millones lo han padecido.  Según autoridades sanitarias del área de la Salud en Colombia  “…los adultos mayores son los más afectados en esta segunda ola de propagación, pues del total de los pacientes remitidos a UCI el 24.3 tiene una edad entre 50 y 59 años, 26.2% entre los 60 y 69 años y el 19.1 % entre los 70 y 79 años”. Pero pareciera que, entre tanto mito que impide el control de la pandemia, está la creencia, todavía, que no hay tal virus, que a las Unidades de Cuidados Intensivos llevan a los pacientes para “cobrar grandes sumas”, que las vacunas tienen como objetivo “el control de la mente” y así por el estilo otros barruntos.

Cabe recordar que algunos casos aislados (aquí sí es cierto que son aislados, en otras instituciones no hay tal “aislados”) funcionarios  del sector Salud  han sido presumiblemente descubiertos en el incumplimiento de sus deberes; la desconfianza entonces crece pues tales comportamientos aparentemente irregulares,  avivan los temores en medio de la incertidumbre.  En el mundo, con la aparición de nuevas cepas, e incluso,  teniendo en cuenta el incremento en la vacunación, se creía  que los cálculos iniciales, según los cuales para finales de este 2021 volveríamos a la normalidad, se desinflan.  Las estadísticas aportadas por los 192 países afectados y estudios rigurosos de los componentes que analizan los expertos, dicen otra cosa. Es posible que en el trascurso del 2022 llegue la nueva normalidad, esa que posiblemente no será la misma que vivimos hasta el 2019.

Para el Presidente Iván Duque Márquez, es imprescindible que el país recupere la capacidad de producir vacunas; al respecto subrayó la necesidad de avanzar en ese camino y dio a conocer dos vías. “( …) desde el punto de vista regulatorio y de asentamiento, que venga el sector privado y se sitúe y se ubique en nuestro país para esa producción.  (…) En materia de salud pública es fundamental no solamente tener capacidad de realización de pruebas, sino también tener capacidad de reacción farmacológica a través de la producción de vacunas. Y eso nos lleva a nosotros a esa conclusión ineludible y es retomar una capacidad en Colombia para poder producir vacunas nuevamente”.

Duque señaló además “es igualmente importante y que hace parte también de la prioridad en materia de consideraciones, es que tengamos Alianzas Público Privadas, donde se pueda unir el Gobierno y el sector privado para la producción de vacunas en nuestro territorio”. Y en este mismo sentido recalcó que “esto no ocurre de un día para otro, pero tenemos ya una agenda de Gobierno para convocar a los actores, y que allí se pueda dar ese ejercicio”. Ojala se lleven a efecto las observaciones del Jefe de Estado, aunque como todo, pero  particularmente en el asunto de la pandemia que ha ocasionado tantas muertes, consecuencias aciagas y una inesperada desaceleración de la economía, seamos más responsables con nosotros mismos, con las familias y la sociedad, dejando de lado las teorías que están advertidas como figuraciones absurdas.

Si acaso en la normalidad, que se interrumpió a finales del 2019, no nos importaron los consejos ni reflexiones de sabiduría para el buen vivir, va siendo hora de ponerlos en práctica: “Disfruta el hoy como si fuera el último día de tu existencia. Vive tu vida lo mejor que puedas, sin dañar a los demás. El ayer ya pasó, así que no te detengas en él. El mañana no existe porque cada día trae su afán”.

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