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jueves, febrero 9, 2023
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Telequintero, antes Telemedellín

Por Jaime Restrepo Vásquez

El nuevo gerente de Telemedellín, Deninson Mendoza, hizo una afirmación que confirma la rapacidad de la actual administración de la ciudad: «este es el canal de Daniel Quintero». Desde una perspectiva moral, no tiene presentación que los recursos que sostienen a Telemedellín, pagados por los ciudadanos, se destinen a exaltar el ego de Quintero Calle.

De hecho, esa declaración, más las indelicadezas mayores en la contratación de medios fantasma, por orden del Secretario de Comunicaciones, Juan José Aux —situación que fue dada a conocer por IFM Noticias—, demuestran que en La Alpujarra consideran que el erario público es el botín del asalto que vienen perpetrando contra Medellín.

La pauta gubernamental en los medios pervierte la función democrática de la prensa: incomodar a los poderosos. Además, convierte a los periodistas en simples aduladores sin criterio, que incumplen con la misión de buscar la verdad y mantener bien informada a la ciudadanía.

El desastre antidemocrático que ha creado la administración de Daniel Quintero Calle con la compra de medios, ha generado una enorme desconfianza y ha creado un gran vacío informativo. De hecho, la ciudadanía percibe que la prensa solo reproduce, sin discernimiento, la propaganda mentirosa que emite La Alpujarra o se concentra en enaltecer la figura del alcalde y de su séquito.

Un ejemplo de esta situación se presentó el pasado 28 de septiembre. Mientras en varios puntos de Medellín se registraban ataques terroristas protagonizados por la Primera Línea, Telemedellín abría su emisión con una entrevista al gobernador de Antioquia, Aníbal Gaviria: congraciarse con el político en desgracia les resultaba mucho más trascendental que el derecho de la gente a estar informada, con el agravante de que son nuestros impuestos los que pagan el absurdo de una agenda politiquera mediática que invisibiliza las situaciones críticas que verdaderamente afectan a los ciudadanos.

Justo en el momento de la entrevista, la avenida 80 estaba bloqueada en varios puntos, se registraban una decena de explosiones en inmediaciones del centro comercial Los Molinos y se perpetraba un ataque contra la estación La Palma del Metroplus. Si Telemedellín hubiese adoptado una posición de decencia y ética periodística, sin duda habría cubierto los hechos de terror que estaban ocurriendo. Sin embargo, eso hubiera afectado la imagen del alcalde, pues hubiese demostrado que no tiene el control de la ciudad. Por tal razón, el canal que debería haber cubierto la asonada decidió lubricar los engranajes con el gobernador.

El asunto es que los medellinenses tenemos y pagamos el derecho a recibir información puntual y veraz. Nada de eso está pasando en Telemedellín, convertido en una opulenta central de medios que, en el mejor de los casos, paga la complicidad de algunos sitios de internet con la administración, aunque un porcentaje de ellos son simples fachadas para esconder el desvío descarado de recursos públicos que van a parar a los bolsillos de los amigotes y aduladores del alcalde.

Si Quintero Calle quiere tener un canal, que lo compre y lo sostenga con sus propios recursos. Si anhela un séquito de pseudoperiodistas lambones, que solo enaltezcan su enjuta figura, pues que saque su chequera personal y pague sus servicios. Pero es inmoral y delictivo que los dineros públicos sean destinados a satisfacer el ego del fanfarrón que funge de gobernante, o que costeen el silencio cómplice de medios locales como Minuto 30, o nacionales, como Semana y RCN.

La rapiña en la alcaldía de Quintero Calle ya sobrepasó todos los límites éticos y morales y, a excepción de los episodios de Pablo Escobar, se ha convertido en el accionar punible más descarado de la historia de la ciudad: en La Alpujarra no hay una administración, sino un concierto para delinquir.

En Twitter: @atrabilioso

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