martes, marzo 2, 2021
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Sin caballos en el partidor

Por: Néstor Humberto Martínez

Las encuestas daban por hecho que la jefatura del Estado se jugaría entre Sergio Fajardo y Gustavo Petro, pero todo indica que sus fotos difícilmente estarán en el tarjetón.

Colombia recibirá el 2021 sin caballos en el partidor de la carrera presidencial. Las encuestas daban por hecho que la jefatura del Estado se jugaría entre Sergio Fajardo y Gustavo Petro, pero todo indica que sus fotos difícilmente estarán en el tarjetón.

La suerte de Fajardo ya está jugada. La decisión de la Contraloría que lo vincula directamente al fracaso de Hidroituango no le partió un ala, sino la dos, de un solo golpe. Los cargos son muy graves, pero más relevantes por lo que confirman de la personalidad del hombre público. Su talante ambiguo, “asintomático” dicen ahora, quedó refrendado con lo ocurrido en el caso de la hidroeléctrica. No asistió a ninguna junta directiva de EPM para ponerle la cara a la situación y orientar una solución, pero en cambio nombró un delegado permanente, en quien ahora descansa su defensa, para decir que nada tuvo que ver. Ese carácter pusilánime lo inhabilita totalmente para cualquier aspiración. Lo cierto es que Fajardo no pudo con la obra de infraestructura más importante del país. Suficiente referencia para entender que los complejos desafíos nacionales le quedarían mucho más grandes. Sin embargo, el mayor problema de Fajardo no es Hidroituango. Está asociado con la discusión sobre la forma como abordó el problema de seguridad en Medellín cuando fue alcalde de la ciudad.

En la capital antioqueña se escucha decir con frecuencia que durante varias administraciones de Medellín, a partir del 2004, rigió el “pacto del fusil”. Esto cambió radicalmente con la llegada del alcalde Federico Gutiérrez, quien asumió enormes riesgos personales y decidió enfrentar personalmente a las odines, contribuyendo a su efectiva neutralización y judicialización. Hasta entonces, dicen los expertos, la paz que se respiraba en Medellín era artificial, producto del presunto entendimiento de que las bandas de la ciudad no verían amenazado su negocio a cambio de no agravar la extorsión y volver al secuestro. Fueron tiempos que permitieron el crecimiento de las bandas, de la ilegalidad y del microtráfico, con las consecuencias que se vivieron tiempo después en la capital antioqueña en materia de seguridad ciudadana.

Sería muy grave que el “pacto del fusil” se extendiera a nivel nacional, por ejemplo ofreciéndoles a las disidencias un armisticio a cambio de que se obliguen a disminuir la violencia en los territorios del posconflicto. Se trataría de una opción inspirada en un pragmatismo impúdico, que terminaría por agravar estructuralmente la situación en las zonas de consolidación, que lo que reclaman es inversión social y presencia de Estado. El problema de Petro es todavía más grande, ahora que se ha anunciado la traída al país de Juan Carlos Montes, el famoso y oscuro personaje que le entregó al senador una bolsa llena de billetes y lo grabó para dejar huella de la torcida operación. Por la época del suceso se hablaba en el país de un método de lavado de activos en el que los malandrines entregaban dinero sucio a las campañas, con el compromiso del candidato de devolver el “préstamo” mediante contratos públicos. De esta manera, las platas de origen inconfesable se convertían mágicamente en dinero limpio, proveniente de pagos oficiales. ¿El petrovideo tendrá algo que ver con esto, una vez Montes se convirtió en dispensador de contratos del Distrito?

Lo cierto es que este episodio tendrá que aclararse, lo que pondrá a Petro en 2021 a dar explicaciones concretas ante la opinión y ante la justicia. Contrario a lo que algunos piensan, este tema está vivito y coleando en el debate público. El candidato de la Colombia Humana no puede creer que puede llegar al tarjetón con esta deuda insoluta. Será políticamente inviable cuando a cada uno de sus ataques milimétricos se le responda con las imágenes del video.

Frente a esta realidad, hoy tienen razón todas las voces que señalan la factibilidad de una amplia coalición de centro que alimente una opción electoral ganadora para 2022, que nos aleje de la incertidumbre y del castrochavismo. Es el pueblo el que no quiere ver a Colombia en el espejo del vecindario, que es sinónimo de autoritarismo, pérdida de las libertades, hambre, desplazamiento y desempleo. Contra esto, que es lo que representan entre nosotros Petro y Cepeda, entre tantos otros trinomamertos, estamos todos en la obligación de ayudar a cimentar una opción democrática, que nos permita construir futuro, más allá de las viejas divisas partidistas. Hoy los vientos soplan en esa dirección: seguramente se quedarán ellos con el bullicio de las redes sociales, pero la democracia y la esperanza en el poder.

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Vía Revista Semana. El ex Fiscal General de la Nación y columnista fue invitado para la edición de la revista de esta semana.

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