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Respuesta a Gabriel Ángel

Por: Eduardo Mackenzie

Para Las 2 Orillas, Bogotá

Gabriel Ángel, un señor que dice haber pasado 30 años al servicio de las Farc, está molesto. No le gustan mis escritos sobre la huelga de las bananeras de 1928. Me habría gustado examinar ese tema con alguien que ha aceptado abandonar la acción terrorista. Sin embargo, las observaciones de Gabriel Ángel no dan para eso. El colérico artículo que publicó antier en Las 2 Orillas tiene un defecto: no cuestiona realmente lo que he escrito. Gabriel Ángel, o el curioso Arcángel Gabriel, como lo llama jocosamente mi amigo y colega Jacobo Machover, otro blanco de sus invectivas, no dice dónde encontró los argumentos con los que yo habría montado una “patraña”. Es el viejo truco mamerto de polemizar no contra un texto preciso sino contra una lectura adulterada de éste. Deformar lo que se pretende cuestionar es una estratagema inútil e infantil.

Gabriel Ángel dice: “Eduardo Mackenzie escribió un trabajo sobre la masacre de las bananeras, en el que niega de manera terminante la existencia de ese acontecimiento”. Falso. Yo no he escrito “un trabajo” sobre la masacre de las bananeras. Escribí un libro de 569 páginas sobre el origen de las Farc y su papel en la creación de las bandas criminales leninistas que han ensangrentado a Colombia desde 1926. En ese libro dedico 52 páginas a la huelga de las bananeras. He escrito, además, varios artículos sobre aspectos de esa huelga. No veo cómo yo puedo “negar la existencia” de esa huelga tras haber escrito tanto sobre ella. No creo que el señor Ángel haya leído mi libro ni esas 52 páginas, ni mis artículos.

Esa huelga existió, desde luego. Lo que cuestiono es la construcción ideológica posterior que el PCC y las Farc hicieron de ese triste episodio.

No es este el lugar para ver qué fue, en realidad, esa huelga insurreccional. Observo que en esas dos líneas, Ángel incurrió en dos mentiras. Todo un record.

El señor Ángel proclama ser el depositario “comprobado e indiscutible” de la historia nacional. El afirma: “Lo que todos los colombianos consideramos un hecho comprobado e indiscutible, Mackenzie lo convierte en una patraña del Komintern, la Internacional comunista guiada desde Moscú.”

Ángel da la impresión de creer que el Komintern, y el Kominform, después de 1947, eran simpáticos clubes de gentlemen que nunca asomaron sus narices por Colombia. Ángel está obligado a negar el papel de la IC y del Kremlin en esa huelga de 1928 pues él debe negar el papel del comunismo internacional en la creación del PSR, del PCC y de las Farc y de las otras bandas armadas comunistas colombianas. Eso es algo que él considera “indiscutible”.

Ángel trata de vender el mito desacreditado de que esas fuerzas depredadoras surgieron como una reacción noble, defensiva, civil y sociológica “contra la opresión del proletariado”. En realidad, esos aparatos fueron el resultado de la decisión de Stalin, y del tercer periodo de la IC, de destruir la democracia por la fuerza, en Colombia y otros países del continente, para mejorar las posiciones de la URSS en su guerra contra Estados Unidos y el mundo libre.

El tercer punto no es menos estrafalario. Según Ángel, yo habría afirmado que “el representante a la Cámara Jorge Eliécer Gaitán, antes que denunciar la masacre en el Congreso colombiano, se habría dedicado a evitar que las autoridades del democrático gobierno de Miguel Abadía Méndez realizaran una completa investigación.”
Es la típica imprecisión deliberada. Yo constaté que Gaitán se había opuesto, no a que el gobierno investigara, sino a que el congreso abriera una investigación sobre los hechos de las bananeras. Yo no inventé nada. Gaitán mismo lo dice. “Nada os pediré”, replicó él a los congresistas que querían una investigación. “Yo no creo en las tales comisiones de investigación”, remató. No hubo entonces investigación. Por eso Colombia nunca supo cuántos muertos hubo en esa huelga. El joven parlamentario liberal temía que su violenta y unilateral diatriba contra Abadía Méndez fuera desbaratada por una investigación parlamentaria. Es evidente que Gabriel Ángel no se ha enterado de lo que Gaitán dijo en el debate de septiembre de 1929.

El artículo de Gabriel Ángel es interesante por una razón: es un ejemplo de cómo la izquierda trata de oponerse a los investigadores que desmontamos las imposturas del PCC y de sus “comisiones de la verdad”.
Ellos muestran que no quieren discutir realmente, que siguen prisioneros de una visión amañada de la historia que ellos consideran “indiscutible”. Sin la construcción de leyendas y de mentiras enormes el totalitarismo comunista hambreador no habría podido durar en el tiempo.

Yo no niego lo ocurrido en Ciénaga. Recuso la visión maniquea del PCC: los buenos eran los insurrectos y los malos eran los del gobierno. Esa huelga, en realidad, fue un crimen de la Internacional Comunista. Sus agentes, cuyos nombres son conocidos, utilizando garrote, fusiles, secuestros, mentiras, y dejando muertos y heridos, impidieron la negociación sindical y transformaron la huelga en levantamiento. La fuerza pública fue obligada a impedir que Ciénaga y Santa Marta cayeran en manos de los insurrectos.

En realidad, hubo errores y delitos de ambas partes, pero la responsabilidad mayor fue la del actor que desató esas violencias, no de quien puso fin a los desmanes.

En lugar de discutir y examinar los hechos, los mamertos tratan de excluir al contradictor. Es lo que tratan de hacer con el profesor Darío Acevedo, nuevo director del Centro Nacional de Memoria Histórica. Intrigan y calumnian porque él rehúsa a adoptar la leyenda del “conflicto armado interno”, el dogma mamerto. Esa actitud muestra que el PCC sigue siendo un aparato despótico que cultiva la mentira.

El señor Ángel anuncia que Timochenko, jefe de las Farc-partido, dirá la “verdad de las Farc” ante la JEP. A nadie le interesa la “verdad de las Farc”. Esa “verdad” es archiconocida: ellos son las víctimas “del conflicto”. El país lo que quiere es la verdad a secas.

Obtenerla será muy difícil. En su artículo, Gabriel Ángel le advierte a Timochenko que la verdad es un “rompecabezas” y que si él y otros la dicen sus adversarios verán en eso “la ocasión para echárseles encima y destruirlas.” El artículo de Gabriel Ángel es, por eso, interesante.

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