domingo, octubre 24, 2021
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Reflexiones pirotécnicas de una época pasada y ahora cambiante con un llamado especial

Por: Andrés Úsuga

Una reflexión retrospectiva de lo que viví cuando niño en el occidente de la ciudad de Medellín y en los 80s con mis amigos, y una peticiones respetuosas y con amabilidad.

Papeleta: Triángulo de papel «entorchado» con una pequeña carga de pólvora gris adentro, con una mecha corta que llegaba al centro del triángulo y produce un sonido estridente que por alguna razón producía alegría en nosotros.

Taco: una papeleta pero un poco más grande y con una mecha un poco más larga, por evidentes razones su sonido era mas fuerte aún y si era de papel de cemento eran de mejor calidad, se utilizaba también para amplificar su onda de sonido poniéndolo en los sumideros del acueducto y lograba generar accidentes graves de no ser separado del cuerpo ( en especial de manos) antes de la explosión.

Chorrillo: envoltura pequeña de papel de forma circular, que tenía pólvora no explosiva sino productora de chispa, que al encender la mecha comenzaba a volar sin dirección determinada, dejando a su paso las chispas y que si se insertaba en algún obstáculo expelía las chispas hasta que finalizara su carga.

Silbador: envoltura un poco mas prolongada que producía en ves de sólo chispa también un sonido como un silbato, pero de igual forma sin dirección determinada y en veces dejando una estela de color.

Tote: pequeña pastilla de pólvora seca y compacta que venían en una hoja de papel, que alcanzaba a recepcionar bastantes de ellas y que para accionarlo, era necesario ponerle debajo de la suela del zapato y girar la misma de forma circular, ante lo cual esta pastilla, se convertía en chispas que sonaban y explotaban a mediana altura sin direccionamiento alguno.

Volador: carga de pólvora mediana, insertada en un pequeño rollo de papel a manera de impulsor de un trozo de madera muy liviana, de aproximadamente un metro de largo, que al encender la mecha, hacía volar el pequeño adminículo a mucha altura, unos 20,30, 40 o 50 metros, y que una vez llegaba a su techo máximo, explotaba produciendo un sonido estruendoso. Se podía efectuar su lanzamiento para más seguridad, poniendo el trozo de madera al interior de una botella de gaseosa litro y esto garantizaba que su dirección fuera vertical y hacia la bóveda celeste y no horizontal contra objetos o personas.
Y habían más pequeñas locuras, como las chispitas mariposas, un bon-bril amarrado a una cuerda y prendido para darle vueltas, donde todos lograban alguna sensación de alegría, en medio de tanta escasez económica( aunque supe tiempo después que en los barrios más favorecidos también lo hacían).

Hoy la reflexión y luego de saber, entender y comprobar cómo se fastidiaban las personas, los animalitos de compañía y mucho más los silvestres, es a no consumir dichos productos.

También pido disculpas, perdón y ruego excusas por nuestros comportamientos de niños y adolescentes y llamo a proteger la tranquilidad y la vida de personas y seres vivos que sufren con este tipo de comportamientos irresponsables e impunes.
Entiendo también que existen familias que subsisten de esta pequeña industria, pero llamaría a buscar otras formas de producir el sustento para sus familias y a evolucionar .

Nací en una época donde sacrificar cerdos en la calle era una tradición y una forma de mucha alegría y tampoco comparto esas prácticas, legadas me imagino que de españoles ( de aquellas épocas) y los bárbaros que nos hubieran antecedido en estos territorios donde crecimos.

Por último, invitar a tantas personas de las que aún disfrutan con la pólvora y los juegos pirotécnicos, a buscar los espacios propicios, las manos expertas y las condiciones para no afectar la tranquilidad y la vida de los ciudadanos, que no disfrutan estas prácticas y en especial de los seres vivos que no tienen cómo defenderse o mitigar los efectos de los sonidos estridentes.
Pensemos también en nuestros niños, en los pabellones de quemados y que en este año que necesitamos las unidades de cuidados intensivos libres, para atender la emergencia de pandemia, no las saturemos más con enfermedades o afectaciones innecesarias.

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