sábado, octubre 16, 2021
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Rebelión de mentes opacas

Por: Misael Cadavid MD

En un efusivo articulo de 2012 publicado en el New York Review of Books el poeta Charles Simic declaraba que estamos viviendo en la Era de la Ignorancia.

Desencantado por las manifestaciones culturales de su país, donde en algún momento el grueso de la población llegó a creer Queta Saddam Hussein había sido responsable de los ataques del 11 de septiembre o que Obama era musulmán, Simic denunció lo que considera es una «rebelión de mentes opacas en contra de la inteligencia», por lo cual es acertado concluir que “ la estupidez es una de las grandes fuerzas de la historia», todo lo cual es bastante conveniente para la clase política que «resiente a todo aquel que muestra la habilidad de pensar de manera seria e independiente».

Y es que ALGUNOS jóvenes son cada vez más ignorantes, pasan del bachillerato a la universidad sin estar preparados y sobre todo adoleciendo en conocimientos en ciencias humanas.

Inundados por enormes cantidades de información digital, se pierde la noción de las grandes narrativas, de la continuidad del tiempo y la memoria. Todo es un perpetuo y atiborrado «ahora».

Hay una notable carencia en los jóvenes de las grandes ideas de otros tiempos.

Hemos necesitado muchos años de indiferencia y estupidez para hacernos tan ignorantes como somos hoy. Ya no sorprende a ningún profesor universitario que los amables y entusiastas jóvenes primíparos que se enrolan en las clases no tienen la habilidad de retener la mayoría del material que se enseña. Enseñar por ejemplo literatura, se ha vuelto más difícil cada año, ya que los estudiantes leen menos literatura antes de entrar a la universidad y carecen de la más básica información histórica del período de una epopeya bélica o en el que una novela o un poema fue escrito, incluyendo las ideas y los asuntos que ocupaban a las personas de ese momento.

Tengo la impresión de que esto es un fenómeno global. Indudablemente hay una influencia neocapitalista sobre la educación superior, considerando que las universidades son administradas como negocios y que las humanidades están al borde de desaparecer puesto que no pueden competir en la producción de capital con otras carreras.

Hay que hacer hincapié en que una de las cosas que se está perdiendo es el conocimiento de la historia, Como dijo el filósofo George Santayana, «aquellos que no recuerdan el pasado, están condenados a repetirlo».

Es menester considerar que nuestra ignorancia, en el mundo real, nos hace presa fácil de la manipulación política e ideológica. Un pueblo verdaderamente ilustrado sería malo para los políticos.

Se podrá argumentar que los jóvenes no saben menos sino que sus saberes están orientados a lenguajes científico-técnicos, como por ejemplo la tecnología de la información, a través de la cual pueden, por ejemplo, extender su memoria a la Red y utilizar la Nube como un almacén de información mucho mayor de lo que las mentes más prodigiosas albergaban en la antigüedad. Y, también, el siempre citado argumento de que las habilidades intelectuales modernas están orientadas hacia el reconocimiento de patrones y no a la memorización de información. Como si fuéramos más ligeros y estuviéramos uniéndonos a una mente global.

Y, a su vez, no tengo reparos en manifestar que el problema de la educación que vivimos es un problema de valores, es decir un problema moral y estético. Hoy la mayoría de las personas preferirían tener una habilidad que puedan monetizar fácilmente y no una destreza que sea inútil económicamente pero que alimente al individuo de belleza y de una riqueza que no cotiza en la bolsa.

Nuestras prioridades y deseos hoy son determinados en función de la economía, el éxito personal y el materialismo y no de la estética, la ética ni la espiritualidad. En suma, simplemente digo aquí que para mi forma de ver, el mundo y el conocimiento deben estar ligados a principios que trascienden modas y corrientes pasajeras; ideas o valores que pueden encontrarse fundamentalmente en el arte, la religión, la filosofía y la ciencia. Más allá de las apariencias y las rápidas descargas del hedonismo, lo que todos deseamos es entrar en contacto con algo más duradero y profundo y lo único que sabemos de cierto que trasciende nuestra corta estancia bajo el Sol son las ideas y los valores.

Intentando entender esta propagación de la ignorancia o este declive cultural, mayormente desestimado en la cúspide del progreso tecnológico, puesto que, ¿cómo es posible que se hable de ignorancia cuando producimos tanta y tan increíble tecnología?

Me parece ineludible dirigir la mirada a cómo hemos asimilado la tecnología o a cómo no nos hemos percatado de los efectos que tienen los nuevos medios en nuestros sentidos y en nuestra cognición. Indiscutiblemente la tecnología es una extensión de nuestros sentidos, pero de la misma forma como los amplifica también los amputa.

No hay duda que los alcances tecnológicos son enormes, su potencial maravilloso, pero hay que detenernos a observar si su mismo poder, su fabuloso encantamiento nos está cegando algunos aspectos de nuestra percepción o por lo menos modificando algunos hábitos que determinan nuestra relación con el mundo y nuestra capacidad de conectarnos con los demás.

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