viernes, octubre 22, 2021
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Píldoras Políticas con Claudia Posada

Por Claudia Posada

Según la encuesta de INVAMER, aplicada a finales de agosto y divulgada este 1 de septiembre, la corrupción, el desempleo y la inseguridad son los principales problemas de Colombia; de la corrupción sabemos hace años, siempre ha existido pero ahora está peor, llegó a la desvergüenza total porque las coimas que esa práctica se traga son descomunales; y en ese mundo se descubren, según noticias confiables y datos alarmantes, implicados que van desde el policía de menor rango hasta los altos mandos, con excepciones sí, pero es que no deberíamos estar contando excepciones, más bien lo normal, debería ser, que en las instituciones creadas para proteger al ciudadano y  perseguir al delincuente, se tenga siempre personal sin tacha, con honor y reputación a toda prueba. Lastimosamente los casos de corrupción en el sector oficial abundan, como en el privado también; está demostrado, se confabulan para sacar tajada juntos, réditos políticos, pago por favores adelantados, o aprovechar oportunidades descaradamente.

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El desempleo y la inseguridad van de la mano, lo uno empuja lo otro. No se trata de que todo desempleado termine engrosando las pandillas y bandas criminales, no; pero se han descubierto casos en los que por falta de oportunidades y el hambre, se cae en la delincuencia hoy disparada de manera brutal. El empresariado habla de su papel protagónico en la generación de riqueza, sin embargo las cifras reales no lo testimonian así. La riqueza galopante sigue en Colombia acumulada en pocos, y la pobreza creciendo con tendencias nefastas.

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Increíble los cuentos que le están montando al exministro de la Salud Alejandro Gaviria. No sería de extrañar dadas las confrontaciones ordinarias que se volvieron pan de cada día estimuladas en las redes sociales para “Meter agujita y sacar aguijón”. Pero sí me asombran, particularmente porque vienen de la derecha que tanto ha cantaleteado con señalamientos directos, a la izquierda como generadora de odios y polarización. Si lo que han expresado en sus mensajes no es odio, entonces está muy cerca de serlo, o es puro fanatismo; en todo caso se percibe una rabia incontenible, lo descalifican porque propició la eutanasia, el cannabis terapéutico y se declaró ateo. Si Gaviria estuviera poniendo a consideración su nombre para escenarios eclesiásticos, les daría la razón, pero su aspiración no es a Cardenal o a Pontífice, de ahí que tanto a él como al resto de candidatos, los debemos observar a la luz de un enfoque político.

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Pensemos en algo clarísimo: Si para alguien importa mucho el componente religioso, como son los dogmas del catolicismo, pues entonces un ateo, para esa persona, obviamente no califica. Pues bien ¿Reúnen cada uno de los candidatos las más estrictas consideraciones para ser el gobernante de todos los colombianos, desde el conocimiento, estructura política, y principios por los que se rige y actúa? Pues no. De ahí que los candidatos, en la medida  en que se hagan visibles para los ciudadanos bajo la lupa de estos componentes,  para mí empezarán, o no, a clasificar en mi propio sentir. Comprendiendo que todos tienen fortalezas y debilidades, la intensidad de cada una de ellas les dará para subir, estancarse o definitivamente bajar en mi escala de preferencias. Hasta el momento -entre más de 30 que han mostrado abiertamente su aspiración y se dejan oír- tengo varios en remojo: Humberto De La Calle, Juan Manuel Galán, Sergio Fajardo, Juan Carlos Echeverry, Jorge Enrique Robledo, Rafael Nieto, Gustavo Petro y Alejandro Gaviria. Iré agregando o suprimiendo según se despejen  tanto ruido y nombres; y por supuesto, mientras más se conozcan a fondo su pensamiento y posturas, me concentraré en el lenguaje y tono de la exposición de sus ideas, para desentrañar particularidades que tengan peso.

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