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jueves, diciembre 8, 2022

Narcisismo y poder

Por Luis Bernardo Vélez Montoya

Ejemplos de gobiernos nefastos hay por montones en la historia de la humanidad, liderazgos que propiciaron guerras inútiles atentando contra pueblos enteros y dejaron arrasados territorios.

Malas decisiones, egocentrismos inflados, corrupción por doquier, estamos llenos de esas historias, los anaqueles de las bibliotecas rebozan de tragedia, de matanzas, de destrucción por cuenta de personas que llegaron al poder y se les olvidó su misión, su vocación de servir al pueblo que representan.

En su libro clásico 1984, George Orwell describía un mundo apocalíptico que se había dejado arrastrar por cuenta de la imposición de unos pocos que controlaban la sociedad entera y amañaban la historia a su antojo.

«Si el líder dice de tal evento, esto no ocurrió, pues no ocurrió. Si dice que dos y dos son cinco, pues dos y dos son cinco. Esta perspectiva me preocupa mucho más que las bombas» decía Winston Smith, protagonista de la historia.

No estamos muy lejos de este panorama en la realidad, si reflexionamos un poco, podemos ver que los malos liderazgos están presentes en todas las esferas de nuestra vida.

Son personas narcisistas, y que casi siempre tienen como estrategia dividir a la sociedad con el único motivo de consolidar con firmeza a sus seguidores y satanizar a sus adversarios.

A esto se suma el auge de las redes sociales, que les da un espectro de omnipotencia y omnipresencialidad y que repite como un eco cualquier idea o disparate y que aglutina el fanatismo.

¿Qué ocurre cuando el poder recae en malos líderes? Cuando no hay dolientes para las diferentes problemáticas que aquejan una comunidad. Los malos líderes ejercen un poder inútil, injusto e innecesario.

Me preocupa la situación de Medellín, una ciudad en la que urgen liderazgos responsables, personas a las que les duela la crisis social actual.

Necesitamos personas con experiencia y conocimiento, que entiendan la importancia de los procesos sociales, que no los interrumpan, que le apuesten a las diferentes problemáticas que por años hemos enfrentando.

La continuidad de los procesos es un asunto vital, no va ligado a ideas amañadas políticas, un proceso se construye desde la necesidad de afrontar una situación y de ejecutar de forma responsable los planes de gobierno y los programas y proyectos que están insertos en ellos.

Ser un líder no es creerse un Mesías y decir a diestra y siniestra que todo estaba mal y que ahora todo estará bien, un líder debe estar dispuesto a servir, a trabajar, a articularse, estar abierto a escuchar, a seguir aprendiendo y sobre todo, un buen líder debe tener la humildad de aceptar que se equivocó y tener la fuerza de voluntad y deseo de enmendar sus errores para seguir creciendo.

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