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Mujeres: ¿Trabajar o cuidar a los niños pequeños?

ECONOMÍA. En un artículo de opinión en The New York Times, James Heckman, ganador del Premio Nobel de Economía, escribió: “El éxito que nominalmente atribuímos a los efectos positivos de la educación, especialmente de graduarse de la universidad, son en gran parte el resultado de factores que se determinan mucho antes de que los niños ingresen a la escuela”.

En esta cita, el economista hace referencia al amplio número de estudios que revelan que el trato que le damos a nuestros niños en sus primeros años de vida tiene importantes consecuencias sobre su futuro.

Entre los 0 y 5 años, su cerebro está en proceso de formación y crece de manera acelerada. Cuando reciben cuidados estimulantes, su desarrollo mejora a través de nuevas conexiones y patrones neuronales. En gran medida, estos cambios perduran en el tiempo y tienen un impacto positivo sobre el desarrollo cognitivo, y otros resultados a mediano y largo plazo como un mejor rendimiento académico, salud y desarrollo socioemocional.

“Las sinapsis cerebrales, es decir, la conexión entre las neuronas, a los dos años son iguales a las de un cerebro adulto”, dice Florencia López Boo, especialista en desarrollo infantil del BID. “Un buen cuidado y medioambiente durante los primeros años de vida son clave dada la importancia de este período en el desarrollo cerebral. Sin embargo, sigue siendo extremadamente importante seguir invirtiendo en los años que le siguen ”.

Para muchas familias, es difícil elegir cuál es la mejor opción para educar a sus hijos en esta etapa: ¿qué es mejor, llevarlos a un centro de cuidado infantil o enseñarles en casa? En particular esto concierne a las madres, ya que en América Latina tienden a asumir la mayor parte de la responsabilidad del cuidado infantil, lo cual termina perjudicando el desarrollo profesional de aquellas que quieren trabajar.

En un reporte del BID analizamos una serie de estrategias que se pueden implementar para aprovechar estos años críticos de educación de los niños, y a su vez habilitar oportunidades para que más mujeres puedan trabajar.

El estudio inicia con una cifra preocupante para este segundo objetivo: América Latina tiene una de las brechas más grandes a nivel mundial en la participación femenina en la fuerza laboral. A pesar de que tienen niveles educativos similares o mejores que los hombres, en América Latina y el Caribe existe una diferencia de 25 puntos porcentuales en la tasa de hombres y mujeres que trabajan, de acuerdo a datos de 2018 de la Organización Internacional del Trabajo.

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La mayor parte de la población que no trabaja está compuesta por mujeres de entre 24 y 45 años, que coincide con el rango de edad fértil. Una investigación estima que estas brechas de género en la participación laboral y en la actividad empresarial conducen a pérdidas de ingreso promedio del 15,7% en el corto plazo, y del 17,2% en el largo plazo en toda la región.

¿Conoces a alguna mujer que haya tenido que dejar su trabajo, porque no cuenta con el apoyo necesario para acceder a cuidados infantiles? Ahí radica el problema: son pocas las mujeres que pueden pagar, acceder y costear un servicio de guardería o salas cuna para sus bebés recién nacidos. En respuesta a esta necesidad, varios países de la región han implementado programas de guarderías gratuitas o subsidiadas, y algunos de ellos han tenido buenos resultados en promover la participación laboral de mujeres. En Brasil, aumentó hasta un 17% el número de madres que trabajan; en Chile, la tasa se incrementó en hasta un 10%; en Ecuador, un 22%; y en Colombia, hasta en un 37%, de acuerdo a nuestro reporte.

 “Un buen cuidado y medioambiente durante los primeros años de vida son clave dada la importancia de este período en el desarrollo cerebral. Sin embargo, sigue siendo extremadamente importante seguir invirtiendo en los años que le siguen”, dice Florencia López Boo, especialista en desarrollo infantil del BID.

Sin embargo, para que estos programas cumplan con su propósito de ser una alternativa efectiva para la educación de los niños, los gobiernos deben asegurarse que la calidad entregada en las guarderías sea focalizada, especializada y de calidad. En particular, a evidencia de países desarrollados indica que cuando la calidad de los centros es alta, tiene beneficios positivos de largo plazo sobre los niños que viven en hogares en situación de desventaja.

Hay al menos cinco claves en las que existe consenso entre los expertos para que los padres puedan identificar un buen programa de educación temprana. La primera es que el número de niños a cargo de un educador debe ser reducido, dado que requieren atención individualizada. La segunda es que revisen que se les provea una nutrición adecuada en todas sus comidas. La tercera es que incluya un currículo rico en actividades de estimulación, tales como lecturas, manualidades, y ejercicios de lógica, con modelos pedagógicos que incluyan mayores interacciones sociales con otros niños y adultos. La cuartaes que el personal esté formado, reciba un buen acompañamiento y tenga buenas condiciones de empleo. Por último, se hace necesario que estas instituciones estén bajo algún mecanismo de monitoreo de calidad que genere alertas, de manera que el gobierno pueda apoyarles cuando no funcionan.
 

 

El reporte concluye que es posible ofrecer mayores oportunidades a las madres que quieren trabajar y a su vez ofrecer una atención adecuada a sus hijos. Los gobiernos pueden apoyar en este objetivo con la expansión de la oferta de servicios de cuidado infantil, pero enfocándose en que sean de alta calidad y accesibles a la población más vulnerable económicamente, al ser la que más se beneficia de estos programas. También deben ir acompañados de apoyos que fomenten la participación femenina en el ámbito laboral y que faciliten que los padres tomen un mayor rol en la crianza de sus hijos. Al interior del hogar, los padres también pueden buscar alternativas para involucrarse activamente en la educación de sus hijos de manera que faciliten el desarrollo profesional de la madre.

“En mi casa, repartimos el permiso de maternidad. Yo (padre) paso mucho tiempo con las niñas. Cuando se hacen daño, las niñas llaman indiscriminadamente a papá o a mamá, por lo que suponemos que, para ellas, nuestros roles como padres son iguales”, dice Rubén, un padre de dos hijas de 3 y 6 años en la sección de comentarios de un blog sobre maternidad . “Asumen perfectamente que mamá trabaja un montón y que le encanta su trabajo.”

Mira el reporte completo aquí.

Artículo original: iadb.org

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