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miércoles, octubre 5, 2022
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Medellín, contra la verdadera mafia

Por: Jaime Restrepo Vásquez

Muy pocos ciudadanos han dimensionado la bestia que está siendo enfrentada en el proceso de la revocatoria. Aunque muchos tienen una visión netamente emocional, el monstruo no es Daniel Quintero Calle y su corte de «obedientes». Necesitamos entender que hay fuerzas tenebrosas detrás del alcalde, las mismas que defenderán a su peón a como dé lugar.

Esas fuerzas, oscuras y poderosas, cuentan con una financiación fabulosa que proviene del narcotráfico regentado, entre otros, por el Cartel de los soles, por el ELN y por las FARC, cofradía que también se abastece de los cultivos y laboratorios del Cauca. Esa conjura criminal y terrorista, ya lo sabemos, tiene como candidato a la Presidencia de la República al personaje que Quintero Calle quiere ver en la Casa de Nariño.

Además, esa mafia hace que sus alcaldes-peones utilicen el dinero público a modo de caja menor, mediante el siniestro mecanismo de la contratación directa, con la que logran financiar a quienes se muestran afines al proyecto totalitario que pretenden imponer, como quedó puesto en evidencia con Gilberto Tobón Sanín y el contrato que firmó con la Alcaldía de Medellín. Asimismo, crean falsas entidades sin ánimo de lucro, con el propósito de desviar los recursos públicos para atender las necesidades de sus esbirros. Hoy, todos esos mecanismos de asalto al erario los vemos operando en la ciudad.

Esa mafia hizo una apuesta nacional hace dos años: hacerse con el control de las tres principales ciudades del país, mediante la instauración en las alcaldías de personajes inescrupulosos y serviles ideológicamente para así afianzar el poder local, con miras a las elecciones de este año.

Esas mafias no están jugando. Además de financiar, con los enormes caudales provenientes del narcotráfico, la compra de votos para conseguir la elección de los suyos, han sido capaces de costear costosos abogados para defenderse o atacar mediante la guerra jurídica que tantos réditos les ha dado. No obstante —y esto es lo que debe encender las alarmas en la ciudadanía medellinense— tendrían los recursos para comprar fallos en el Consejo Nacional Electoral.

De hecho, desde el año pasado, una fuente me confirmó que en ese organismo estaban buscando algún ardid para torpedear el proceso contra Quintero Calle. Para tal fin, algunos de los magistrados eran proclives a fallar en contra del mecanismo de participación, al fraguar una presunta grieta en la que podrían argüir que no se cumplió con las dos causales necesarias para poner en marcha la revocatoria.

En este sentido, me contó la fuente, los magistrados aducían que, si bien la insatisfacción era muy subjetiva, el cumplimiento del programa de gobierno si era medible y, al constatar que el avance programático ha sido prácticamente inexistente en Medellín, algunos miembros del CNE pensaban lanzarle un salvavidas a Quintero Calle: la pandemia como excusa para el incumplimiento.

¿Será que esa arbitrariedad, en caso de oficializarse, no tendrá costo alguno? Es que eso de vender fallos ya se ha visto en las altas cortes —basta con recordar el Cartel de la toga— y no se podría descartar que la artimaña, sobre todo en un tribunal netamente político, tuviera un precio que asumiría, gustosa, la mafia narcoterrorista que está detrás del «hijo del Tricentenario».

De otro lado, esta mafia compra, con mucha facilidad y abultada chequera, la conciencia de medios y periodistas, generando posiciones artificiosas en la opinión pública. Ya lo hemos visto con una revista que se ha jugado toda su credibilidad en el favorecimiento de Daniel Quintero, publicando falacias o medias verdades que solo convienen al que regenta la autoridad en Medellín, como ocurrió con la supuesta suspensión de la revocatoria. No nos llevemos a engaño: el dinero del narcotráfico, además del uso de lo público a modo de caja menor de un individuo, da para eso y mucho más. 

Así las cosas, es una mafia hegemónica y con muchísimo dinero la que estamos desafiando en Medellín. De hecho, cuentan con fichas poderosas y bien ubicadas en las diferentes ramas del poder público central y local. Ellos no tienen empacho en hacer lo necesario para conservar las posiciones que han alcanzado, las mismas que han contemplado como punta de lanza en la estrategia de dar el zarpazo nacional en las próximas justas presidenciales.

Aquí somos atrevidos, pues ya sabemos cómo enfrentar carteles terroristas y capos oligofrénicos que se tienen por grandes en medio de su profunda pequeñez.

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