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lunes, octubre 3, 2022
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Los reparos a la «quinterada» de la semana

Daniel Quintero anunció ayer que para el 2035 ya no se permitiría la matricula de vehículos nuevos que funcionen a gasolina en la ciudad de Medellín. Sin embargo, esta mañana en rueda de prensa, literalmente, cambió el discurso y afirmó que en realidad no tiene autoridad para promover semejante despropósito, pero que como alcalde si puede regular el asunto, desconociendo por completo que habla de una fecha en la que ya no estará a cargo de la ciudad.

Afirmó que en las próximas horas se firmará un decreto distrital que permita la regulación del tránsito de vehículos a gasolina, de manera que no puedan ser utilizados en la capital antioqueña, pero reconociendo que cualquier alcalde que llegue luego de su mandato, podría cambiar la iniciativa.

Desde IFMNOTICIAS.COM se analizó la propuesta realizada por el burgomaestre y las cifras entregadas a diferentes medios de comunicación sobre su idea de que para 2035 ya no circulen por Medellín los vehículos a gasolina.

Primero hay que considerar que la propuesta del 2035 en realidad no tiene un fundamento técnico ni estudios al respecto, que determinen que esa es la fecha correcta para hacer una transición para la movilidad de la ciudad y del país, y más teniendo en cuenta conceptos ya emitidos por Elon Musk quien habla del 2050 como la fecha en la podrá llegar a su fin la movilidad solo a gasolina.

En segundo lugar, Daniel Quintero confunde dos conceptos básicos y es topografía y geografía, ya que ante los medios de comunicación justificó que Medellín debe ser una de las primeras ciudades en descarbonizar la movilidad por las condiciones de la ciudad que genera una concentración de contaminación sobre el valle por las montañas que evitan la dispersión fácil de contaminantes, explicado en la «geografía» de la ciudad, cuando en realidad se refiere a la quebrada topografía de la capital antioqueña.

La prohibición inicial, que fue la propuesta compartida en un video a través de redes sociales, es en realidad un exabrupto jurídico ya que este tipo de medidas se deben tomar a nivel nacional y a través del Congreso, que es el encargado de consignar en la legislación, qué tipo de vehículos se pueden comercializar en Colombia. En cambio, la medida de restricción si puede ser emitida por los alcaldes, por lo que al darse cuenta de su barrabasada finalmente se decantó por esta última opción, pero de nuevo, sin estudios ni concertación con los diferentes actores involucrados en el proceso.

Por otro lado, ese nivel de restricción implica una vulneración a las libertades ya que, actualmente, la mayoría de los vehículos que circulan por la ciudad son a gasolina y aunque en 13 años esa cifra se haya nivelado un poco, la curva no aumenta de manera exponencial porque los carros eléctricos o híbridos son notoriamente mas costosos que sus pares que se mueven con combustibles fósiles.

La propuesta, además, conlleva una caída notoria en los precios de los automóviles a gasolina usados, lo que complica mucho más el remplazo de la tecnología.

Por otro lado las declaraciones del alcalde desconocen cuales son los vehículos más contaminantes que circulan por la ciudad y está enfocando su esfuerzo en aquella población que menos genera material particulado nocivo, como son los vehículos y las motos.

Y es que en un informe presentado por el Área Metropolitana, los carros particulares solo suman el 8 % de la contaminación del aire en la ciudad, mientras que las motos son las responsables del 13 %, quedando los vehículos de carga y las volquetas como los que más aportan a empeorar la calidad del aire y aún, para estos vehículos, no hay opciones que les permitan iniciar procesos de descarbonización, es decir que los esfuerzos de la administración deberían enfocarse en fortalecer la movilidad eléctrica en el transporte público, así como la investigación para combustibles menos contaminantes para los camiones, tractocamiones y volquetas.

Esto sin hablar de la infraestructura que se requiere para garantizar la carga de los carros, la disposición final de las baterías, y el impacto ambiental de la explotación de Litio, que es fundamental en la movilidad eléctrica que el mismo alcalde promueve.

Finalmente, esta es otra determinación que se le ocurrió al alcalde de Medellín sin ningún estudio ni sustento y mucho menos concertada de manera que todos los actores involucrados actúen para lograr la meta de buscar una transición energética en la movilidad de la ciudad.

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