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sábado, diciembre 3, 2022

Los ataques a las iglesias

Por My. (RA) Álvaro Martínez Gómez

«La religión es el opio del pueblo». Con esta frase, sintetizo lo que viene sucediendo en América Latina y en especial cómo este fenómeno de atacar las iglesias se ha venido acrecentando en Colombia.

Tengo un dolor profundo en mi corazón, porque soy creyente: las dictaduras que han llegado a Chile, Nicaragua, Colombia y Cuba-zuela, los jerarcas de la iglesia son convidados de piedra y se han convertido en figuras decorativas salvo algunos muy pocos contados en los dedos de la mano, han expresado su rechazo ante tanta infamia e ignominia.

El NOM (novus ordo seclorum) es una teoría conspirativa que afirma la existencia de un plan sistemático diseñado para arrasar e irrespetar la fe, la libertad religiosa y las creencias de millones de fieles.

Los estadistas comprenden y tienen claras las ideas. Desde la posesión del troglodita e ilegítimo presidente, la iglesia colombiana recibió la primera «cachetada» y prohibieron la celebración de la misa dominical en un radio de 200 m a la redonda de la plaza de Bolívar, cuando la tradición es una eucaristía en la Catedral Primada, principal santuario de los cristianos, convirtiéndose en testigo mudo para dar paso al ingreso del circo comunista, con asistencia de chamanes, brujos, hechiceros y toda la porquería de magia negra, santería afrocubana en medio de congas, tamboras, incienso, sahumerios y riegos; dejando una nube de humo que al lanzarse al espacio, formaba la figura del demonio.

Colombia es el país consagrado al Sagrado Corazón de Jesús y encomendado a la patrona, nuestra Virgen de Chiquinquirá. A principios de éste año, la primera manifestación de rechazo a la iglesia la protagonizaron un grupo de encapuchados de la Primera Línea encabezados por alias Simona, una joven rebelde sin causa, universitaria, cuyo comandante en jefe es el senador Gustavo Bolívar, quien desde el año pasado en el paro vandálico del 28 de abril, saltó a la palestra pública, convirtiéndose en una amenaza constante al punto que pretendía conformar un partido político.

Aquí lo grave es que se cubren el rostro al estilo de los fundamentalistas islámicos que se inmolan. Esta semana volvió la burra al trigo. Un grupo de terroristas arremetió contra la Catedral Primada, lanzando arengas proaborto, al punto de que trataron de incendiar las puertas de acceso, dejando la fachada con pintas alusivas al movimiento feminista, actuando como poseídas del demonio, ante la mirada impávida de los guardas de seguridad y la policía que custodian el complejo de edificios del Capitolio Nacional, Palacio de Justicia y la Alcaldía de Bogotá.

¿Hasta cuándo el gobierno va a seguir tolerando esta clase de desmanes? No podemos permitir que avance la ola de los «barbaros Anticristos» y no queremos llegar a una guerra religiosa. Ya lo hicieron en Chiquinquirá, Medellín, Cartagena y hasta la fecha nadie se ha pronunciado. ¿Dónde están el secretario del Celam, la conferencia episcopal y el nuncio apostólico?

La corriente de las feministas son fanáticas de la ideología de género, el matrimonio igualitario, el libre desarrollo de la personalidad, el aborto y la dosis personal; todas conductas que ofenden a Dios. Ojalá no se desate la ira del Supremo, como ocurrió en Haití (país del vudú y la santería) que fue destruido por un terremoto.

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