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La tragedia de la calle Barranquilla

Por: Eduardo Mackenzie

Seria insoportable dejar que los jefes mamertos utilicen, dentro de unos meses –cuando muchos hayan olvidado lo que hicieron la CUT y Fecode durante su violento y desacreditado “paro cívico”–, las tragedias ocurridas a Dylan Cruz y a Julián Orrego. No sería la primera vez que ellos explotan cínicamente la muerte de jóvenes para montar campañas de intoxicación destinadas a glorificar el vandalismo y hacer portar a otros la responsabilidad de esas atrocidades.

Los resúmenes que hizo la prensa de los incidentes que causaron la muerte de Dylan Cruz y Julián Orrego, son triviales. ¿Hasta qué punto esa trivialidad fue deliberadamente organizada? ¿Lo fueron para que algunos puedan montar, sobre datos inciertos, campañas confusionistas? ¿Con esos datos insuficientes van a relanzar la consigna ridícula, que ya algunos difunden, de “desmontar el Esmad” y de reemplazarlo por una “guardia indígena”?

Hay un caso de manipulación que los extremistas conocen muy bien: el de los supuestos “desaparecidos” del palacio de justicia de Bogotá. Con eso le hicieron gran daño al país. Con imágenes trucadas y falsos testimonios, intentaron trasladar la culpa de los terroristas –que asesinaron a los magistrados y empleados del palacio–, hacia los militares que rescataron los rehenes e impidieron un golpe de Estado el 6 de  noviembre de 1985.

Nadie puede olvidar que, hace pocos días, alguien desfiguró los hechos de la muerte de Dylan Cruz. ¿Para aplastar judicialmente al miembro del Esmad que parece involucrado en ese episodio? Por fortuna, un célebre abogado,  Abelardo de la Espriella, defenderá los intereses del funcionario en cuestión.

Igual vigilancia hay que mantener sobre la suerte corrida por Julián Andrés Orrego Álvarez. Un análisis de las imágenes que circulan en las redes sociales sobre la explosión que hirió de muerte en Medellín a ese joven, el 2 de diciembre de 2019, muestra a un grupo de cinco encapuchados que lanzaban explosivos de tipo artesanal (las llamadas papas-bomba), en el marco de los disturbios del  “paro cívico”. El video no parece ser un montaje. No parece tener adulteraciones ni imágenes falsas incrustadas gracias a la tecnología deepfake. Muestra a cinco encapuchados sobre un carril de la calle Barranquilla. En la escena no aparecen policías corrientes ni del Esmad. Los cinco encapuchados están uniformados: portan capuchas rojas, botas rojas y camisetas blancas que ocultan pesados morrales.

Muy agitados y agresivos, esos individuos lanzan al suelo dos granadas que producen gran ruido. Tratan de trancar la circulación de vehículos del carril contrario. Lo logran sólo por unos segundos. Hay sobre ese carril dos nubes generadas por los explosivos.

De repente, aparece una moto que avanza sobre el carril que ocupan los vándalos. Sin tardar un segundo, uno de ellos lanza una papa-bomba contra la moto. Una humareda blanca sale de la base de la moto, tras el estallido de esa papa-bomba. El piloto no pierde el control a pesar del estallido.

La moto atacada avanza, pasa muy cerca de uno de los encapuchados, pero no lo percute (el cuerpo habría saltado por los aires). Un segundo después, es la gran explosión. Una nube alta y espesa oculta al piloto y al encapuchado más cercano a la moto. El atacante cae de espaldas sobre la vía, a unos dos metros del lugar que ocupaba segundos antes. No se ve claramente si el encapuchado trató de precipitarse sobre la moto o de parar al piloto, como sugirió un diario de Medellín, o si fue desequilibrado por el aparatoso cruce de la moto. Se oyen tres estallidos casi simultáneos y la gran humareda blanca oculta al piloto y al lanzador de granadas. Los explosivos de éste estallan uno tras otro. La humareda no deja ver los primeros segundos del estallido. Cuando el humo se disipa aparece el cuerpo inmóvil del joven tendido en el carril. La moto ha desaparecido.

Uno de los vándalos huye de la escena.

Los tres encapuchados que quedan lanzan tres granadas más. El conductor de la moto ya no es visible. Huye probablemente de los estallidos sin ver que la explosión ha dejado a una persona herida.

El humo sube rápidamente y se disipa. Tres encapuchados se acercan al herido. Alguien grita “¡Sáquenlo!”. Un encapuchado lanza otra papa-bomba al lado, muy cerca, del herido. Seis o siete encapuchados más, con atuendos de otro color, irrumpen en la escena. Enseguida, estallan siete papas-bomba más sobre los dos carriles de la calle, visiblemente para intimidar o dispersar a los testigos, unos metros más adelante. Quien filma la escena pierde, en efecto, el equilibrio y abandona su posición. La circulación de vehículos continúa por la calle Barranquilla. Fin del video. Duración: 60 segundos.

Conclusión: El hombre de la moto no parece ser el causante de la muerte de Julián Orrego. Ese piloto habría podido ser herido o morir si pierde el control de su máquina. Orrego fue mortalmente herido por la explosión  de las granadas que llevaba en su espalda. ¿Quién es responsable de esa tragedia? La víctima es, en parte, culpable de lo ocurrido. Los otros responsables son quienes organizaron esa operación, los que suministraron explosivos a esos jóvenes, los que fabricaron y distribuyeron esas granadas. Son igualmente responsables los que organizaron o autorizaron ese intento de cerrar la circulación de la calle Barranquilla, en inmediaciones de la Universidad de Antioquia. Son responsables los que lanzaron esos disturbios a sabiendas de que habría exaltados armados con granadas y explosivos artesanales. La investigación debería obtener los nombres y el paradero de esas personas, determinar qué papel jugaron en eso y el juez tendrá que decidir el grado de responsabilidad penal de cada uno de ellos.

@eduardomackenz1

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