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¿La embajada de Cuba en Bogotá tiene grupos de choque?

Por: Eduardo Mackenzie

Parece que los colombianos no tienen derecho a declarar su oposición a la dictadura cubana; que no tienen derecho a pedir que Bogotá rompa las relaciones diplomáticas con la isla prisión. El 5 de diciembre pasado, en efecto, cuatro ciudadanos fueron agredidos por desplegar pacíficamente, ante la embajada del castrismo en Bogotá, una pancarta que decía “Fuera Cuba de Colombia”.

Gracias a la oportuna intervención de tres policías, los manifestantes no fueron linchados por unos 50 energúmenos, algunos de ellos ebrios y encapuchados, que llegaron inmediatamente al lugar y se lanzaron contra los cuatro ciudadanos gritando insultos y blandiendo banderas de Cuba y pancartas de las Farc. Los agresores destrozaron los carteles de los manifestantes y trataron de arrebatar violentamente la pancarta mayor del grupo, pero no lo lograron.

Por razones misteriosas, la prensa de Bogotá decidió guardar silencio sobre ese incidente. ¿Los diarios establecidos recibieron llamados de la embajada de Cuba para que censuraran esa información? La sola excepción fue el portal web de Panam Post quien describió  lo ocurrido, lo criticó y difundió algunas fotos (1). Ese medio relató: “Miembros del Movimiento Libertario colombiano fueron expulsados y agredidos por la ‘guardia indígena’ cuando se encontraban realizando un plantón en la embajada de Cuba en Bogotá, pidiendo que el Gobierno del presidente Iván Duque rompa relaciones con el régimen Castro.”

Ese incidente puso en evidencia que hay lazos muy extraños entre esa embajada y las Farc de Timochenko, pues este último sector fue el que afirmó, a través de un twitt, que la llamada “guardia indígena”  había “evitado que ‘grupos fascistas’ atacaran la embajada de Cuba”.

“Ese día me di cuenta que efectivamente hay más de lo que se ve respecto a la influencia de Cuba en Colombia. No tiene sentido que por un plantón de cuatro personas más de 50 personas nos estuvieran esperando y que minutos después llegara la ‘guardia indígena’ a ‘defender’ la embajada cubana de un plantón pacífico”, declaró María Alejandra Londoño, directora del MLC.

Cada vez que esa edificación es objeto de manifestaciones adversas, los agentes de la dictadura castrista creen ver allí “fascistas” y  gentes de “extrema derecha”. El 6 de mayo pasado, por ejemplo, un puñado de exilados venezolanos llegó pacíficamente hasta esa embajada. Inmediatamente surgieron dos docenas de tipos que se lanzaron contra los manifestantes. Alberto Vanegas, un jefe del sindicato comunista CUT, admitió horas después que gente de su grupo había participado en “la defensa” de esa embajada, contra unos “intentos provocadores”, acto por el cual recibió sin tardar  agradecimientos del embajador cubano, Luis Ponce Caraballo.

Para frenar los ímpetus violentos de los llamados “defensores de la revolución cubana y de Venezuela” agentes de la Policía Nacional y funcionarios de la Alcaldía de Bogotá también tuvieron que intervenir ese día.

Nada de eso es normal, ni legal. Los colombianos tienen derecho a manifestar pacíficamente ante la embajada castrista de Bogotá sin ser molestados ni agredidos ni dispersados por exaltados pro-castristas. Estos últimos deben saber que tales incursiones son ilegales y pueden dar lugar a una sanción penal. ¿No son ellos los que gritan en estos días de “paro nacional” que la protesta pacífica es un derecho? ¿Por qué ellos sí tienen ese derecho y no los demócratas?

Es muy pernicioso saber, además, que un sindicato con personaría jurídica envía golpeadores para prohibir por la fuerza una manifestación política en Bogotá. Es inaudito que sindicalistas colombianos acepten ser usados como grupo de choque de la embajada de una dictadura abyecta. ¿Qué tendría que decir ante eso el ministerio del Trabajo y  la Fiscalía General de la Nación?

¿Había también gente de la CUT en la agresión contra el MLC del 5 de diciembre pasado? Según las redes mamertas los golpeadores eran miembros de la “guardia indígena”. Pero esa “guardia indígena” no es una perita en dulce. Es una milicia rural que suele atacar con gente armada de palos y machetes, en el Cauca, al Ejército y a la Policía colombiana. ¿Cómo es posible que las autoridades de Bogotá toleren los asaltos de la tal “guardia indígena”?

María Alejandra Londoño explicó que el MLC “es un movimiento ciudadano y político que considera que la mejor forma de construir país es a través de elecciones libres, del libre mercado y del respeto a la propiedad privada.” Agregó que a lo largo de 2019, el MLC “ha pedido al presidente Iván Duque que rompa relaciones diplomáticas con Cuba en vista de que La Habana sigue protegiendo a los autores del atentado terrorista del 21 de enero de 2019, contra la Escuela General Santander de Bogotá,  en el que perdieron la vida 22 jóvenes cadetes”.

La cancillería colombiana, en efecto, ha pedido a Cuba la deportación de los jefes del ELN que se esconden en esa isla, para que respondan por sus crímenes. No obstante, la dictadura castrista se niega a satisfacer ese pedido, lo que lo convierte a La Habana en cómplice directa de la masacre del 21 de enero.

“Nos sorprendió mucho que cuando llegamos al frente de la embajada las personas gritaban ‘Viva Fidel’, ‘Fidel vive’, ‘somos comunistas y orgullosos’ y, por supuesto, que nos arrebataran de forma violenta los letreros que llevábamos con las imágenes de denuncia”, explicó María Alejandra Londoño.

“Fue una agresión acorde al nivel de miedo que siente en este momento el régimen cubano”, agregó María Alejandra.  “De nuevo hago hincapié en que nosotros éramos cuatro y la reacción fue descomunal. Para los que nos llamaban ‘paranoicos’ y ‘locos’ esta es la respuesta de que no estamos equivocados y que, efectivamente, el gobierno colombiano debe romper relaciones con el régimen de Cuba de forma inmediata”, concluyó la directora del MLC.

El incidente del 5 de diciembre muestra que la embajada de Cuba tiene a su disposición grupos de choque en Bogotá, que los puede convocar y que éstos responden a sus órdenes con precisión militar. Tales hordas utilizan la fuerza contra los que hacen manifestaciones legales de repudio ante la embajada de Cuba. Otro detalle grave: un testigo de los hechos  declaró que dos o tres miembros de esa embajada habían salido de esa sede para sumarse a la turba que gritaba y trataba de arrancar las pancartas del MLC. La participación de miembros de la embajada de Cuba en tal incidente constituye una violación de la Convención de Viena que rige las relaciones diplomáticas entre los Estados. La Cancillería colombiana debería tomar nota de ese detalle.

Los defensores de la dictadura cubana alegan que si Bogotá rompe relaciones con la isla prisión, las exportaciones de Colombia se verán muy afectadas. Argumento ridículo. El comercio entre Colombia y Cuba es minúsculo. Según cifras oficiales, en 2017 las exportaciones de Colombia a Cuba no fueron superiores a los  34 millones de dólares. Quien necesita de ese comercio es, sobre todo, Cuba. Bogotá nada gana con el mantenimiento de relaciones con un país que se burla de Colombia y protege en su territorio a los peores terroristas que ensangrientan a Colombia. Esa embajada es, además, un nido de chivatos. Fueron ellos, muy probablemente, los que llamaron directamente a la “guardia indígena” para que los protegiera de los cuatro militantes libertarios.

La campaña del MLC va a continuar. A comienzos de 2020 realizarán otro plantón y el 21 de enero rendirán, frente a esa embajada, un homenaje a  las víctimas del atentado a la Escuela General Santander. “Al gobierno colombiano le sobran razones para romper relaciones y nosotros sólo queremos hacer más visibles algunas de éstas”, subrayó María Alejandra Londoño.

@eduardomackenz1

(1).- https://es.panampost.com/felipe-fernandez/2019/12/06/guardia-indigena-libertarios-cuba/

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