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La doble cara de la Medellín que queremos

Por: Carlos Herrera

En Medellin se persigue a los particulares supuestamente para tener calidad de aire, pero se implosionan edificaciones que contaminan en milésimas de segundo y nada dicen.

Recortar vías y pretender que todos anden en bicicleta es desconocer las características topográficas de la ciudad. ¿Qué se busca realmente?, ¿Qué intereses se mueven detrás de esas medidas arbitrarias y cobijadas con un discurso que repiten como loros aquellos impedidos de hacer crítica?.

Medellín cada día se quiere parecer a una ciudad europea, o sea, perderemos nuestra identidad, los referentes urbanísticos, la memoria urbana, la historia. Queremos ser europeos con baja educación, ingresos bajos, desempleo, violencia, narcotráfico, delincuencia, diesel de baja calidad, gasolina cara, prostitución y un crecimiento urbanístico sin control.

Tenemos metro, metrocables, tranvía, metrobus, rutas alimentadoras, ciclovías; pero no hay vigilancia en los parques, las zonas verdes están llamadas a desaparecer, aumenta el subempleo, los que piden monedas en los semáforos, la indigencia.

Somos un “paraíso”turístico y negamos nuestra historia, nos da vergüenza aceptar que aquí vivió y sentó sus raíces el llamado “Cartel de Medellin”, vergüenza decir que el capo fue abatido y el lugar donde ocurrió, no hemos sabido reconocer el generoso regalo a la ciudad del maestro Fernando Botero, olvidamos que Carlos Gardel murió en el aeropuerto de Medellín en accidente aéreo olvidamos que el exgobernador Antonio Roldan Betancur murió al explotar un carro bomba a su paso, en fin, enterrar la cabeza para evadir la verdad no es la solución al progreso, y progreso no es parecerse a otra ciudad, es ser mejor que cualquiera con cabida para todos sin exclusión, sin discriminación.

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