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La CUT pide nuevas jornadas de violencia en Colombia

Por: Eduardo Mackenzie

La orden de salir a las calles este miércoles  para, de nuevo, incendiar y demoler edificios y buses y lesionar miembros de la fuerza pública, no tiene otro objeto que obligar al gobierno de Iván Duque a capitular ante las exigencias de los autores intelectuales y materiales de los graves desmanes del 21, 22 y 23 de  noviembre, que dejaron tres policías asesinados en el Cauca y  300 otros policías heridos en resto del país.

El “comité nacional del paro”, organismo sin representatividad pues no ha sido elegido por nadie,  utiliza como pretexto para esa nueva ola de violencias la muerte de un estudiante, Dylan Cruz, quien falleció tras ser herido durante una confrontación con policías antidisturbios en Bogotá. A Diógenes Orjuela García, jefe del citado “comité” y jefe a su vez del sindicato comunista CUT, no le importa la muerte de ese joven. Lo que busca es explotar ese nombre y trasladar la responsabilidad de esa muerte a la policía, cuando esa responsabilidad recae sobre quienes incitaron a los colegiales a dejar las aulas y convertirse en  vándalos y actores de los desmanes preparados y dirigidos por la CUT la semana pasada.

Orjuela y su grupo dicen que la “segunda movilización”  es para “salir en defensa de la vida”. ¡Que cinismo! Son ellos los que están atacando y jugando con la vida de los jóvenes. Ellos azuzaron a miles de colegiales para que protagonizaran todo tipo de violencias callejeras. Otro miembro de ese “comité”, Fabio Arias, gesticula: “¡No pueden seguir sucediendo estas cosas!”. Si ese activista sindical es sincero él tiene en sus manos la solución: para que no haya otros Dylan él podría renunciar al método cobarde de utilizar a la juventud colombiana como instrumento agresivo de las ambiciones políticas de la CUT.

Nelson Alarcón, presidente del sindicato de maestros (Fecode), agregó impudicia a la desvergüenza al gritar que él  seguirá alebrestando a los jóvenes para que salgan a la calle, para servir de escudos humanos del pretendido “comité”.  Gustavo Petro, otro de los que convoca a los colegiales a protestar y exponerse a todo tipo de riesgos en las calles, debería rendir cuenta, junto con Diógenes Orjuela, ante un juez por sus incitaciones a la violencia.

Nada construirán la CUT y Fecode y sus comparsas sobre la base de la masacre que están propiciando y de la manipulación vergonzosa de los estudiantes. Los caciques de Fecode,  en lugar de preocuparse por educar y proteger a los escolares, tienen el descaro de transformar a los jóvenes en proyectil humano contra un “enemigo” que ellos mismos se han fabricado en sus cabezas ideologizadas: el “Estado burgués”.

En lugar de aceptar  la “conversación” que les propone el gobierno de Iván Duque, el “comité” de revoltosos redactó a las carreras un “pliego de peticiones” que resume la visión que ellos tienen de Colombia. Y le dijeron al gobierno: no negociamos, solo pedimos que usted acepte lo que pedimos. En el vocabulario de la CUT eso se dice así: “Esperamos  que el presidente Iván Duque dé una pronta respuesta al pliego de peticiones para nosotros analizar su respuesta y tomar nuevas decisiones”. Es la política de todo o nada, como si la CUT hubiera vencido al gobierno en una batalla campal.

Lo que Diógenes Orjuela quiere que Duque acepte es esto:

Un país sin fuerza pública; abolición de la policía antidisturbios y descabezamiento de los responsables de la Policía Nacional (y ulterior desprotección del país con la reducción de las fuerzas armadas a una talla simbólica); aplicación de la totalidad de las concesiones hechas por el régimen de Santos a las Farc en La Habana;  hundimiento de la reforma tributaria “en tránsito” (es decir que no existe aún); desplome de la política de lucha contra los narcocultivos; revisión de la política exterior del gobierno y anulación del tratado de libre comercio; anulación de la política agropecuaria actual y adopción de la política agraria de las Farc; abolición de toda política de privatizaciones; ninguna reforma laboral.

Es decir, quieren pasar a la fase de un gobierno de transición que le abra la puerta al sistema chavista, de ruina económica, hambre y opresión para todos.

Llama la atención que  la CUT deja sus ropajes sindicales para aparecer como un partido político que hace suyas las exigencias de las Farc de Timochenko. Llama la atención que en el “pliego de cargos” la CUT pide a Duque cumplir lo que exige un grupo político adicional, poco conocido, Defendamos la Paz (DLP).

Ese grupúsculo tiene un historial: está vinculado a las maniobras que facilitaron la huida del narco-terrorista Santrich. DLP alarmó a la ciudadanía y acusó a la Fiscalía de “poner en peligro la vida” de Santrich por haberlo capturado y exigió al gobierno no cumplir con la extradición de Santrich pedida por la justicia americana. DLP apoyó a Santrich quien, desde el bunker de la Fiscalía, dijo que  Iván Márquez tenía razón cuando, en carta del 21 de mayo, afirmó que “fue un grave error haber entregado las armas”. DLP le pidió al gobierno que no declarara la conmoción interior a mediados de mayo de 2019 cuando la JEP obtuvo la libertad de Santrich e impidió su extradición, lo que causó conmoción en el país y llevó a la renuncia del Fiscal General Néstor Humberto Martínez quien califico esa decisión de “desafío al orden jurídico” que “hace trizas la colaboración judicial internacional”. Miembros de ese lobby llegaron a pedir después que no le quitaran la curul a Santrich tras su reintegro a la guerrilla a finales de junio de 2019.

Tras sostener semejantes posiciones, DLP pretende ahora aparecer como un cordero que le da buenos consejos al gobierno para que acepte las propuestas lunáticas que quienes desataron las jornadas de violencia del 21/24 de noviembre.

@eduardomackenz1

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