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viernes, septiembre 30, 2022
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La alcaldesa o alcalde que dirija a Medellín después de Daniel Quintero

Por: César Augusto Betancourt Restrepo

El legado político de Daniel Quintero Calle en Medellín será un desbarajuste institucional sin precedentes, unas relaciones fracturadas con la academia y el sector empresarial, y por último, una desconfianza entre la ciudadanía y la institucionalidad, producto de la feria de puestos, mentiras y contratos bajo la supervisión de la “primera familia”.

Así las cosas, la próxima alcaldesa o alcalde de Medellín, tendrá la dura y ardua tarea de limpiar la casa después de la orgía que nos dejaron los “independientes”. El éxito o no de la ‘Operación Desinfección’, dependerá de la efectividad y capacidad conciliadora del sucesor de Quintero, así como la facultad de mirar de frente a la ciudadanía y hablarle con la sinceridad que al mandatario de turno le falta.

Necesitamos a alguien sin complejo de Adán que trabaje en los siguientes ejes:

  1. Reconstrucción de la triada Universidad – Empresa – Estado.
  2. Transparencia institucional, especialmente referente a lo relativo a EPM.
  3. Eficiencia en el gasto público.
  4. Diálogo popular y reconstrucción del tejido social.
  5. Recuperación del diálogo político y social con todos los sectores que se han puesto la camiseta por Medellín.

Pero adicionalmente, debe haber un trabajo intenso por liberar a la ciudadanía del discurso trasnochado de lucha de clases que Quintero le ha empezado a incrustar a la sociedad paisa.

El daño que Quintero Calle le ha hecho a Medellín ha sido incuantificable, toda vez que su propósito final ha sido el de quebrar el espíritu y la tradición de construir sobre lo construido, y enfrascar a la ciudad en una confrontación que afecta la gobernabilidad y la ejecución de los proyectos que necesitamos.

El camino hacia la recuperación no será sencillo ni rápido, pero creo firmemente que Medellín aprendió la lección y no volverá a creer en proyectos populistas que únicamente buscan feriarse los billonarios recursos que posee la ciudad.

Finalmente, y como consideración final, es menester recuperar la ética en la administración pública para poder apelar a la confianza ciudadana, y volver a encaminar a Medellín a la ciudad que soñamos y nos merecemos.

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