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miércoles, agosto 10, 2022
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Hicieron paro por la reforma tributaria de Carrasquilla y ahora chillan porque no hay plata

En el Pacto Histórico están histéricos: una vez realizaron la «conciliación bancaria» del gobierno central, se percataron de que el mandato que arranca en seis días recibirá las arcas en números rojos.

El partido de Petro asegura que la administración de Iván Duque no dejará los recursos necesarios para continuar con los subsidios sociales, lo que le ha valido al saliente presidente una lluvia de adjetivos como irresponsable, mezquino y demás.

A cada marrano le llega su nochebuena. La toma terrorista que padeció el país el año pasado, al que decidieron bautizar como «paro nacional», tuvo su origen en un proyecto del entonces ministro de Hacienda Alberto Carrasquilla para tramitar una reforma tributaria con la que esperaba conseguir 25 billones de pesos.

Con ese caballito de batalla, en plena pandemia, los que comienzan a gobernar el 7 de agosto decidieron exaltar los ánimos y mandar a sus turbas a la calle, para incendiar el país, matar policías y avanzar en el control de varios territorios en las principales ciudades del país. En aquel momento, recaudar esa cantidad de dinero por parte del Estado, fue visto como una obscenidad que no podía permitir la ciudadanía activa.

Paradójicamente, una de las críticas de la bancada oficialista al proyecto de Carrasquilla es que dejaba «fondeado» al gobierno que llegara el 7 de agosto de 2022. De hecho, ese fue uno de los pretextos para señalar que el entonces ministro debió medirse mucho más en la cifra que pretendía conseguir, abandonando la idea de dejarle recursos al siguiente mandato.

Sin embargo, en las calles, la gente azuzada, enfurecía contra Carrasquilla y su reforma tributaria. Ni los agitadores, ni los líderes de los agitadores como el próximo presidente, los senadores y los dirigentes del Pacto Histórico; entendieron que esa reforma les dejaría el camino más fácil, en caso de llegar al poder. Lo que importaba era el pretexto para arremeter contra Duque y continuar con la campaña «política» que arrancó en octubre de 2018. La consigna era clara: nada de lo que hiciera Duque era bueno. No obstante, por la cortedad de miras, no dimensionaron que, al afectar al presidente, también se dieron un tiro en el pie.

Ahora chillan como plañideras, por cuenta de la «olla raspada» que recibirán el 7 de agosto. De hecho, uno de los más llorones es el senador Gustavo Bolívar, quien asegura que van a recibir un país con una deuda casi impagable. No obstante, la madre de los lamentos del narconovelista, se vio en un tuit en el que aseguró que «Duque no sólo «raspó la olla», se llevó la olla y la estufa».

Sin embargo, parecen olvidar que los gastos del país han subido muchísimo en los últimos años y la productividad no creció al mismo ritmo. Un caso concreto tiene que ver con el acuerdo con las FARC. De hecho, los que llegan al poder el próximo 7 de agosto son los pacifistas y entusiastas de ese acuerdo. ¿Acaso nunca se preguntaron cuánto costaría ese engendro hasta el año 2030 y de dónde se pagaría? Porque la realidad es que, según un informe de Fedesarrollo, el posconflicto podría llegar a costar entre 80 y 90 billones de pesos. Eso, en términos reales, representa un hueco fiscal, grosso modo, entre ocho y nueve billones de pesos al año.

Otro hecho que eluden los nuevos mandamases de Colombia es la pandemia. ¿Cuánto costó enfrentar esa catástrofe desde la perspectiva médica (camas UCI, equipos de oxígeno, medicamentos, personal sanitario, etc.)? ¿Cuánto costó la implementación del esquema de vacunación en todo el territorio nacional? ¿Y los subsidios para los millones de colombianos en crisis (no la vicepresidente, que cobró sin necesitar), de dónde saldrían? Todo eso se financió a través del presupuesto y del servicio de deuda, ese del que se está quejando el narconovelista. Además, con la reforma Carrasquilla, se hubiese amortiguado el golpe para las finanzas públicas, debido al endeudamiento, ese que ahora les toca enfrentar como gobierno.

Para completar, en plena pandemia, los ahora gobernantes decidieron mandar a sus hordas a las calles, para incendiar el país. Bloquearon vías y carreteras, destruyeron infraestructura, saquearon comercios y empresas, llevaron a la quiebra a empresarios y campesinos, quienes no pudieron sacar sus productos agrícolas, por cuenta de los bloqueos. Todo eso influyó en la disminución en el recaudo y en el aumento de gastos para tratar de reactivar a los múltiples sectores perjudicados por el «paro».  

Ahí está la plata, señores del Pacto Histórico. Ustedes se dieron a la tarea de sabotear, incendiar y agitar. Ustedes exigieron el acuerdo con las FARC, pese a la derrota que sufrieron en el plebiscito del 2 de octubre de 2016. Ustedes incentivaron a los jóvenes estúpidos a salir a las calles, en plena pandemia, y aceleraron la llegada de un nuevo pico de Covid-19: ahora no lloren por el erario, porque ustedes han sido los mayores promotores del déficit fiscal por el que atraviesa el país. ¡Asuman su responsabilidad!

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