domingo, octubre 24, 2021
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Hablemos de los hombres

Por Claudia Posada

Hablemos de los hombres. Para tratar los asuntos de mujeres, suficiente con las feministas. El punto de partida de este tema, fue el recuerdo de una conversación sostenida con una colega cuando estábamos por los 35 años de edad; sostenía ella en ese entonces (divorciada y ennoviada) que deberíamos elegir al hombre con el que vamos a vivir, siempre y cuando tenga una de estas tres particularidades: Que sea muy “pispo”; que evidencie inteligencia; o que tenga plata. Obviamente, decía ella, mejor si ostenta dos de esos atributos, pero si goza de los tres, es el ideal ¡Ah mujeres! La discusión se puso buena cuando paramos de reírnos y entramos en lo serio de su planteamiento. ¡Por Dios! ¿Qué te ganas con un tipo bien “pispo” pero bruto?

Un hombre escaso de inteligencia, ante la falta de argumentos, recurre a la fuerza bruta, ahí aparece la “bestia” y descubres que, por igual feos o lindos,  si son brutos, hace parte del  espécimen al que se le debe huir, sin más espera inmediatamente se le descubre que ése, su mal, no tiene recuperación.

Bien, hasta ese momento de aquel análisis, las conclusiones parciales nos indicaban que por muy “pispo” que sea, si el tipo es bruto: ¡out!  Recuerden que estamos trayendo a cuento la conversación entre dos mujeres, hace como veinte y tantos años. (Si fuera entre dos hombres que hablan  de una mujer que ya no les gusta, dirían: “Zafa, con esa bandida”). Al descartar a los brutos, redondeamos que éstos, ni aunque sean re-divinos, tampoco aunque estén llenos de plata; haciendo, eso sí, una aclaración pertinente: Bruto no es lo mismo que ignorante. Por distintas razones, los ignorantes no cuentan con formación académica de alguna naturaleza, no hicieron una carrera profesional, así que  menos, especializaciones;  pero entre ellos lo hay  muy inteligentes. Los brutos pueden haber estudiado, pueden no ser ignorantes, pero al carecer de inteligencia se enfrentan a las mujeres con gritos, malos tratos y hasta con golpes.

En cambio, qué fascínate un hombre inteligente. Si es feíto, lo disimula muy bien con otros encantos; galante, detallista, de buen gusto, cariñoso, analítico, amable, tranquilo…y muchos otros atributos que lo harán un buen compañero de experiencias y vida; no tiene que tenerlos todos, no, no se trata de buscar un  Superman. El hombre inteligente  -aunque sin plata- si es recursivo, si tiene iniciativas, si es de chispa y talento del bueno;  ese “no sé qué” para superar al que tiene con qué comprar todo lo que ya está hecho, disfrutará de su entorno, tal vez más que aquel platudo; el ingenio  y la creatividad hacen que se “le saque jugo” a pequeños y grandes logros.

La contertulia de marras y su ex en aquel entonces (un tipo con mucha plata)  vivieron y tuvieron sus hijos en Norteamérica; no obstante, derroche de lujos y “presentes” de joyería, suponemos no la hicieron feliz;  aunque no nos extrañaría saber que puede haber reincidido si nos atenemos a su premisa.  Conclusión sin muchas vueltas. Plata o poder (y como el poder da plata cuando es para conseguirla, no para servir) por ahí la van: Vivencias agridulces por montones ¡Ah pereza!

De aquella charla ente dos colegas de ayer, a la que sostengan entre las mujeres de hoy, quizá haya gran diferencia;  aunque también puede ser que siendo las de antier, ayer y ahora, el mismo género, la diferencia está en la crianza, formación y entorno, de cada una en particular. ¿Se los aguantan brutos porque tienen plata? ¡Pues claro!

El ojo morado se lo tapan con cataplasmas de billetes.

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