viernes, febrero 26, 2021
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Grito de auxilio a los sacerdotes. Inquietudes con motivo del comunicado de la catedral de Zipaquirá

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Es deprimente que los sacerdotes quienes debieran marcar el camino del respeto, cuidado, amor y dignidad para lo más sagrado que tenemos sobre la Tierra «la presencia real de Jesús en la Eucaristía» no lo hagan. ¿Dónde quedaron las grandes predicaciones del Corpus Christi? ¿No que la Eucaristía es la fuente y el culmen de la vida de la Iglesia? ¿Dónde quedó la intención de dar la vida por Jesús eucaristía?

Ahora muchos templos parecen «circos» con los altares rodeados de obstaculos y letreros de «no pase»; sacerdotes atemorizando y replicando las cifras y los cuidados que dicen en las noticias; celebrando con mascarillas, aplicandose gel antibacterial durante la celebración y además obligando a la gente a no arrodillarse, a no decir amen, a recibir la comunión en la mano, a tomarla directamente de la copa como si se estuviera en un supermercado; y como si fuera poco en muchas parroquias han adaptado taquillas de vidrio para comulgar, taquillas que separan a las personas de los sacerdotes como si fueran bancos para reclamar o entregar dinero. Se trata la sagrada comunión como si fuera peor que una bacteria de la que hay que cuidarse.

¿Porque tanto autoritarismo y desproporción en los cuidados? ¿Si los obispos, los sacerdotes o los laicos se enferman o se mueren, que pasa? ¿No que al final todos nos vamos a morir así sea de covid o de cualquier otra enfermedad? ¿no que lo más importante es estar preparados cumpliendo con el deber, deber que están omitiendo? ¿No que está primero la salvación del alma que la salud del cuerpo? ¿En realidad están preocupados por nuestra salvación? ¿Por que cuando vamos al templo a buscar la paz de Jesús, al contrario nos siguen infundiendo más terror del que ya circula por los noticieros? recuerden que la salvación del alma de los sacerdotes también esta en juego y depende de la salvación de nuestra alma, alma que ahora están dejando morir por negligencia e inanición espiritual. Al que más se le dio más se le pedirá.

Por que no se percatan, que mientras son tan obedientes en cumplir los protocolos para quedar bien ante las autoridades públicas la fe de nuestros adultos, jóvenes y niños se está despedazando por la basura de contenidos que llegan a los celulares y los televisores. Por que a estas alturas de la pandemia no han despertado para darse cuenta que la extralimitación en los cuidados de bioseguridad esta desmoronando pedazo a pedazo la fe de nuestro pueblo. Ni siquiera en los restaurantes se ve tanta drasticidad como en los templos, al contrario las familias pueden disfrutar los alimentos con alegría y sin ningún temor.

Cómo es posible que se intente auque sea sugerir que la causa del fortalecimiento del covid, es decir los aumentos en la cifra de contagiados y muertos en Zipaquirá no ha sido por causa de las parrandas, salidas y desmanes de fin de año sino por causa de las personas que asisten responsable y amorosamente a la santa misa o que con profunda fe comulgan dignamente en la boca. ¿Será esta la razón para seguir impidiendo que el pueblo se encuentre con Dios soberano en el templo o serán mas bien los miedos y falta de fe de los sacerdotes? ¿Qué otras creativas estrategias tendremos que soportar para la próxima Semana Santa?

¿Acaso Dios tiene que pagar los platos rotos por los desórdenes de los hombres y por lo que el mismo hombre ha fabricado? ¿Acaso los fieles que todavía conservamos la fe en Jesucristo tenemos que pagar por la falta de fe de los pastores? ¿Dónde están las cifras que indican que los hijos de Dios se estan infectando o muriendo por el solo hecho de ir a misa y comulgar con dignidad? no existen, todavia no las han «fabricado» .

Por otro lado tampoco hemos visto la primer persona que lama su mano después de comulgar para consumir las microparticulas que siempre se quedan en la mano y que son difíciles de percibir por las personas que comulgan tan desprevenidamente. Además contando con que nosotros los laicos no tenemos ni la consagración, ni la formación, ni el cuidado de velar por esas partículas. Y si es que ya no importan las partículas entonces ¿por que los sacerdotes siguen limpiando los platillos y las copas sagradas después de la comunión? ¿Acaso eso es un Show? ¿Acaso Jesús verdadero Dios no está realmente presente en cada partícula de la hostia consagrada como siempre nos lo han enseñado? ¿Acaso Dios soberano y pureza infinita puede ser fuente de contaminación o toxicidad para sus hijos? Entonces ¿Quién se va hacer responsable por las hostias consagradas que ahora tan fácilmente están siendo hurtadas en las parroquias?¿Quién se va hacer responsable por las partículas del cuerpo de Jesús que van a los bolsillos o que caen al piso para ser pisoteadas? Todo esto teniendo en cuenta que muchas muchas personas que aún asistiendo a misa y llamándose católicas todavía no están realmente convencidas de que Jesús está realmente presente en la sagrada hostia; pasan a comulgar de cualquier manera, hasta en pecado mortal, incluso aparecen muchos casos donde parten la hostia, la guardan, se la llevan, se la reparten a sus hijos, etc. En esta crisis donde la Iglesia esta llamada a ser luz es donde pueden evaluar el alcance de sus predicaciones y de sus actuaciones. Ninguna razón justifica la comunión en la mano.

Una parte muy significativa de laicos en Zipaquirá no tenemos miedo; si fuera por nosotros comulgariamos siempre de rodillas y en la boca, y si existen hermanos débiles en la fe que lo reciben en la mano, es por qué son obligados por el abuso de autoridad de los sacerdotes, sin embargo una gran mayoría estamos dispuestos a dar la vida por Jesús Eucaristía. Tan Sólo basta observar como en la Catedral, la única parroquia que nos ofrecía la oportunidad de comulgar dignamente, la gran mayoría de personas que asistíamos a las misas comulgabamos en la boca.

La conferencia episcopal de colombia emitió el comunicado no. 44.1 del año 2020 donde por motivo de la pandemia clara y expresamente afirma que: «también podrán comulgar en la boca quiénes, por distintas razones manifiestan su deseo y opción de recibir la Eucaristía de este modo. Como lo ha enseñado la Iglesia, no se impondrá una u otra manera de comulgar» entonces ¿por que se nos sigue imponiendo recibir la sagrada comunión en la mano y coartando el derecho que tenemos de adorar a Dios dignamente según nos dicta nuestra propia conciencia?

Los católicos zipaquireños esperábamos que en medio de tanto desconsuelo e incertidumbre nuestros pastores nos comunicaran su decisión de realizar misas dominicales por lo menos cada dos horas para compensar el número de personas que antes llenabamos los templos y que ahora quedamos por fuera de los limites permitidos. Un templo como la catedral para 1.500 personas donde ahora solo dejan entrar 100 personas merece estrategias más inteligentes para no dejar morir la fe de los creyentes.

Esperábamos que en medio de tanto pánico por las noticias y en medio de tanto dolor por nuestros enfermos y difuntos tuviéramos la posibilidad de acceder al sacramento de la confesión todos los días. Pero no, ahora en el momento que más necesitamos de Jesús nos vemos resignados a asistir a la santa misa un domingo intercalado y los festivos una ves al día; y con esto también estamos siendo obligados a seguir llenando las filas en busca de psicólogos y psiquiatras auque sea para no morir de la tristeza de ver nuestros pastores tan acobardados.

Es tan deprimente y tan pobre el criterio que para negarnos la sagrada confesión tengan que decirnos que que no van a ofrecer más la confesión por qué las personas supuestamente estamos en paz solo porque acabamos de pasar Navidad y Año Nuevo. Es casi imposible conseguir un sacerdote disponible para la confesión en Zipaquirá y ahora la catedral nos cierra las puertas a partir del 17 de enero.

Todavía más increíble es que después de todo este debacle aún asi nos pidan que sigamos apoyando con nuestra ofrenda económica. No podemos seguir apoyando la masificación de los sacrilegios, no podemos seguir colaborando con nuestro dinero todos los abusos de autoridad sacerdotal, desmanes y profanaciones que con el pretexto de la pandemia se están cometiendo contra la Eucaristía, tampoco seguiremos apoyando el miedo para confesar y atender a nuestros enfermos. La Iglesia es luz ahora cuando más lo necesitamos o no lo será jamás.

vivamos este tiempo de covid con responsabilidad, seriedad y madurez, pero de cara a nuestro Dios y no por miedo a los hombres.

Que viva Cristo Rey.

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