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miércoles, septiembre 28, 2022
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Geopolítica de la invasión

Por Rafael Nieto Loaiza

El eufemismo: un resabio de su pasado soviético. Putin ha denominado la invasión a Ucrania como una “operación militar especial”. Parte también de la operación sicológica que acompaña la campaña militar. 

Las mentiras: también parte de su formación como comunista. La más patética, sostener que la invasión busca “desnazificar” Ucrania. Ucrania tiene la cuarta población judía más grande del mundo y a diferencia de algunos estados centro europeos donde el antisemitismo sigue predominando en ciertos sectores de su población, según las encuestas solo el 5% de los ucranianos no quiere a los judíos. De hecho, Zelensky, el presidente ucraniano que ganó con el 72,2% de los votos, es judío, y el anterior primer ministro, Volodímir Groysman, también lo es. En realidad es al revés de lo que dice Putin: la persecución de los judíos en el pasado se hizo cuando el territorio ucraniano estuvo bajo el control de Rusia y Alemania, que hicieron ambos del antisemitismo su política oficial.

Hay muchas otras, entre ellas que Ucrania siempre ha hecho parte de Rusia. Kiev, la actual capital ucraniana, se remonta al siglo IX y es mucho más antigua que la capital rusa. Moscú, en cambio, fue fundada en el siglo XII. Los dos países, como ocurre con otras naciones vecinas, tienen una herencia compartida al menos en parte pero también disparidades religiosas, idiomáticas e históricas que los separan, a diferencia de lo que ocurre, por ejemplo, entre los países de la Gran Colombia, donde lo que nos distingue es minúsculo. 

Lo que sí es verdad es que Rusia ha querido dominar Ucrania desde hace siglos. Catalina la Grande impulsó una política conocida como rusificación, prohibió el uso y estudio del idioma ucraniano, y presionó a la población para que se convirtiera a la fe ortodoxa rusa. En el siglo XX, Ucrania sufrió bajo el yugo de la Unión Soviética. Stalin se hizo con el control de la ucrania occidental y al menos cuatro millones de ucranianos murieron en la hambruna que aplicó para obligar a los campesinos a hacer parte de las granjas colectivas y, dicen algunos, también eliminar brotes independistas. Como sea, de ninguna manera pasados comunes justifican una invasión.

Tampoco es cierto que las poblaciones de origen ruso estén siendo perseguidas en Ucrania. De hecho, Zelensky habla mejor ruso que ucraniano, y los problemas internos en Ucrania han sido resultado del afán de Putin de controlarla. No debería olvidarse que Rusia ha hecho varias intervenciones militares en países vecinos después de la disolución de la Unión Soviética en 1991 y en muchas ocasiones ha promovido movimientos independistas prorrusos. Lo hizo en Chechenia en 1994, en Georgia en 2008, en Kirguizistán en 2012, impuso un cruel títere prorruso en Bielorrusia, y ha intervenido en la misma Ucrania, con la anexión de Crimea en el 2014 y armando milicias prorrusas en Donbás. Los hechos muestran que Putin ha decidido usar su ejército, milicias prorrusas o ambas cosas cuando los gobiernos de los países vecinos que hicieron parte de la antigua Unión Soviética muestran signos de independencia y autonomía. No sobra recordar que Zelensky, elegido en el 2019, había anunciado en agosto del 2021 la “cuenta atrás” para la desocupación de Crimea por parte de Rusia.

La OTAN: es una alianza militar constituida en 1949 por Estados Unidos, Canadá y varias naciones europeas para frenar la expansión del comunismo. La URSS, a su vez, tenía una alianza similar bajo el Pacto de Varsovia. Pero desde la disolución soviética la OTAN no es más una alianza antirrusa sino un acuerdo de seguridad colectiva para proteger a sus miembros de agresiones externas. Varios estados que estuvieron bajo el yugo soviético hacen hoy parte de la OTAN: Bulgaria, Hungría, Polonia, República Checa y Eslovaquia, Rumania, y tres estados bálticos, Estonia, Letonia y Lituania. Putin ha sostenido que la expansión hacia la Europa Oriental amenaza su seguridad y es intolerable. Los hechos muestran lo contrario y la invasión a Ucrania lo confirma. Explico: ninguno de los países que hacen parte de la OTAN ha agredido a Rusia o a otro de los países bajo su órbita. En cambio, hacer parte de la OTAN sí protege a los estados que la integran de la amenaza rusa. No deja de ser paradójico: la invasión rusa a Ucrania, que supuso volver a llevar la guerra al corazón de Europa, fortalece a la OTAN y la justifica. Si en algún momento se cuestionó la necesidad de su continuidad, hoy nadie la pone en duda. De hecho, Alemania, que se había rehusado tradicionalmente a hacer esfuerzos presupuestales para fortalecer sus fuerzas militares, ha tomado la decisión de gastar 113 mil millones de dólares adicionales este año y aumentar sustantivamente su gasto militar hasta el 2% del PIB, según lo pide la OTAN. Además, en el mayor cambio de su política internacional en décadas, anunció que enviará armas directamente a Ucrania.

La neutralidad y el pacifismo: la neutralidad Suiza tiene doscientos años, se mantuvo durante las dos guerras mundiales y durante la guerra fría. De tal manera es peligrosa la invasión rusa a Ucrania que los suizos se sumaron a las sanciones tomadas por la Unión Europea y decidieron congelar las cuentas bancarias de dirigentes y oligarcas rusos. Suecia, que por ley no podía exportar armas a países en guerra, anunció que transferirá armamento antitanque a Ucrania. Finlandia, con una tradición pacifista aún más antigua y que siempre ha procurado no molestar a los rusos, tomó una decisión similar. 

Suecia y Finlandia han quedado en una situación muy compleja, un dilema que tendrán que resolver. Desprotegidos por la OTAN, de la que no hacen parte (Ucrania tampoco y por eso no hay tropas occidentales apoyándola) y amenazadas por Rusia, que dijo que habría «consecuencias políticas y militares” si deciden integrarla. Hoy se debate en ambos países si piden integrar la Organización, lo que era impensable antes de la invasión.Lo cierto es que Putin, que quiso dividir Occidente, está consiguiendo todo lo contrario. 

Moldavia: acaba de pedir formalmente acceder a la UE. Tiene frontera con Ucrania y expertos consideran que sería el próximo paso de Putin si cumple sus objetivos con Kiev. Y el siguiente podría ser Bosnia.

América Latina: Rusia quisiera volver a un escenario de guerra fría, con esferas de influencia donde los otras grandes potencias no se inmiscuyan. Sin embargo, ese escenario no será nunca más posible. Como sea, Rusia intentará molestar a los gringos donde puedan. Por eso sus declaraciones de aumentar la cooperación militar con sus países aliados en el Continente. Para Colombia hay un reto, en especial por la venta de armamento militar ruso a Venezuela y, a corto plazo, la posibilidad de interferencias informáticas durante las elecciones. Colombia no puede entrar a una carrera armamentista. Sería un despropósito. Pero el chavismo no parece dejarnos camino distinto a fortalecer la cooperación con los Estados Unidos y la OTAN.

Gas y petróleo y cambio climático: finalmente, la invasión cambiará la dinámica del mercado de energía. No solo por las dificultades para la venta de petróleo ruso que supondrán las sanciones sino porque Europa entendió que no puede depender del gas ruso. Las políticas para luchar contra el cambio climático se verán atrasadas. Y mientras que se hace la transición a energías alternativas, Colombia se verá favorecida por el mejor precio del crudo y del carbón y su mayor demanda.

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