La presencia de militares rusos en Venezuela no es un fenómeno reciente ni aislado. Desde hace casi una década, se han documentado apariciones de personal castrense y de inteligencia de Rusia operando dentro del país, participando en entrenamientos, maniobras tácticas, instalación de equipos estratégicos e incluso portando uniformes oficiales de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB). De esta alianza, Venezuela-Rusia, queda una foto entre el comandante ruso y jefe del ejército, Sergei Shoigu y su homólogo venezolano Vladimir Padrino, cuando en el 2022, se reafirmaba la colaboración militar entre los dos países
Aunque estos hechos han sido reportados por medios internacionales, testigos y fuentes militares, el régimen de Nicolás Maduro nunca ha ofrecido una explicación formal sobre el rol, número o mandato de estas tropas extranjeras dentro del territorio venezolano. La presunta presencia de rusos en Venezuela recuerda y contrasta con la presencia de los espías rusos en Colombia que fueron expulsados en entre el 2019 y 2020 que coincidió con cubanos, miembros de los servicios de inteligencia de la isla que también fueron expulsados junto con un venezolano, espía de ese país.
Los reportes en Colombia reseñaron a Aleksandr Nikolayevich Belousov integrante del Servicio de Inteligencia Militar de Rusia (GRU) y Aleksandr Paristov del Servicio de Inteligencia Extranjera de Rusia, conocido como SVR, mientras que el cubano José Manuel Peña García, un agente activo miembro del G2, órgano de inteligencia cubana, también fue expulsado luego de que información de inteligencia revelara que realizaba monitoreos ilegales en la base aérea militar de Paloquemao, en el Magdalena medio. El abanico de espías expulsados de Colombia, para esos años, lo cerraba el venezolano Gerardo José Rojas Castillo, a quien el Gobierno de Iván Duque, identificó como miembro de las fuerzas armadas bolivarianas de Venezuela.
Estas expulsiones llevaron a las autoridades de inteligencia del momento, a concluir que todos habían ingresado por Venezuela y que habrían sido parte de las organizaciones que allí operaban bajo la complacencia del gobierno de Nicolás Maduro. La coincidencia de los llamados espías en Colombia, se dio, presuntamente, para apoyar el estallido social y ambientar el proceso electoral que terminó con el triunfo de Gustavo Petro.
Estos hechos en Colombia, se dieron en la línea de tiempo, por las mismas épocas que los medios internacionales comenzaron a reseñar la presencia rusa en Venezuela.
Una misión militar activa desde 2019
El tema volvió al primer plano internacional tras las declaraciones de Kyrylo Budanov, jefe de la Dirección de Inteligencia de Defensa de Rusia (GUR), quien aseguró en una entrevista con The War Zone que Rusia mantiene actualmente una misión militar permanente en Venezuela. Según Budanov, desde comienzos de este año 2025 estas operaciones se han intensificado y han estado dirigidas por el general ruso Oleg Leontievich Makarevich, al mando del contingente asignado a la misión “Equator Task Force”, impulsada por el Ministerio de Defensa de Rusia.
Fuentes de inteligencia estiman que serían unos 120 militares rusos los que conforman la misión, distribuidos entre Caracas, Maracaibo, La Guaira y la remota Isla de Aves. Su entrenamiento incluye tácticas de infantería avanzada, operación de drones y despliegues de fuerzas especiales, además del fortalecimiento de sistemas de defensa aérea para la FANB. Se trataría de instructores y estrategas de entrenamiento. La ausencia de pronunciamientos oficiales por parte del régimen venezolano subraya el carácter reservado de estas actividades.
¿Militares rusos con uniforme venezolano?
La presencia rusa en Venezuela ha sido visible en múltiples episodios desde 2019. Ese año, medios internacionales reportaron la llegada de casi un centenar de militares rusos al Círculo Militar de Caracas y Fuerte Tiuna, vistiendo el uniforme verde de campaña utilizado por el Ejército venezolano, conocido como “Fidelito”. Portaban armas reglamentarias y se desplazaban sin supervisión aparente, algo inusual para fuerzas extranjeras en tiempos de paz.
Lo más llamativo es que ni el Ministerio de la Defensa ni la FANB emitieron comunicados explicando por qué tropas rusas vestían indumentaria militar venezolana. El hecho generó inquietud entre analistas y observadores internacionales, pues sugiere un nivel de colaboración militar que se desarrolla fuera del conocimiento público.
En zonas fronterizas del Táchira, habitantes de comunidades como Palma Redonda también reportaron haber visto militares rusos acantonados junto a tropas venezolanas. Testigos describieron a “hombres altos, de piel rojiza”, que rara vez hablaban y que los lugareños identificaban como rusos por su aspecto físico y breves intercambios en un idioma extranjero. En Cúcuta, para esas mismas épocas, los registros de inteligencia dan cuenta, también, de reportes en ese sentido.
Maniobras discretas en 2019 y despliegues en zonas estratégicas
En agosto de 2019, la localidad de Rubio, en el estado Táchira, vivió días de incertidumbre ante el sobrevuelo constante de helicópteros hacia el 211 Batallón de Infantería en Fuerte Kinimarí. Testigos relataron la llegada de tanques rusos, cerca de 80 militares rusos y un grupo de cubanos. Fuentes militares indicaron que los extranjeros instalaban sistemas de radar, antenas de bloqueo de telecomunicaciones y realizaban entrenamientos con drones ante supuestas alertas de inteligencia sobre posibles ataques desde Colombia o Brasil.
Durante esos días, habitantes de Rubio reportaron apagones y sobrevuelo nocturno de drones sobre instalaciones militares. No hubo explicaciones oficiales, pese a la preocupación expresada por los residentes.
La presencia rusa también ha sido registrada en el estado Bolívar. En octubre de 2020, tras ejercicios militares brasileños cerca de la frontera, un grupo de militares rusos llegó a Santa Elena de Uairén vistiendo uniformes venezolanos para realizar entrenamientos junto a la FANB. Los despliegues incluyeron explosiones, movimientos de vehículos militares y maniobras tácticas que alertaron a las comunidades de la Gran Sabana.
Fuentes militares venezolanas señalaron, entonces, que estas actividades se justificaban por la visita del secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, a la zona de Roraima y que fue interpretada como una amenaza para el régimen de Maduro. Según estos testimonios, la presencia rusa formaba parte de un supuesto plan de protección frente a una eventual acción estadounidense.
Un despliegue sostenido sin justificación pública
A pesar del cúmulo de reportes, testimonios y evidencias sobre movimientos rusos en territorio venezolano, el gobierno de Nicolás Maduro se ha mantenido en silencio. No existen comunicados que expliquen el alcance de la cooperación militar con Moscú ni tratados públicos que justifiquen la presencia prolongada de tropas extranjeras dentro de instalaciones estratégicas del país.
Esta colaboración, que se ha hecho más visible desde el 2019, data en realidad desde 2014 y coincide con el aumento de la dependencia económica y energética de Venezuela hacia Rusia, especialmente después de las sanciones internacionales que golpearon a ambos gobiernos. Para Moscú, Venezuela representa una pieza geopolítica clave en el hemisferio occidental, un aliado estratégico y un punto de proyección de poder frente a Estados Unidos.
Mientras tanto, la actividad militar rusa continúa desarrollándose en una zona gris, de manera presente, pero no reconocida; visible, pero nunca explicada. Para analistas internacionales, esta situación refleja un capítulo más dentro del complejo tablero geopolítico que une a Moscú, Caracas y Washington, en un escenario donde las operaciones encubiertas siguen ampliando su huella en el territorio venezolano.
La duda surge sobre cuál sería el papel de estos rusos en Venezuela, en caso de una intervención militar norteamericana contra Nicolás Maduro y el resto de los integrantes del Cartel de los Soles, ya decretado como una organización terrorista extranjera por parte de la Secretaría de Estado; más cuando los presidentes Donald Trump y Vladímir Putin, se han mostrado cordiales y cercanos en los procesos de aliviar tensiones mundiales.



