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El narcotráfico se trasladó a la selva y allí se libra la nueva guerra.

IFM – PERÚ. La guerra contra las drogas en Colombia, Perú y Brasil, ha dejado las calles de las ciudades para internarse a las zonas de selva. Así se desprende de los últimos ataques y enfrentamientos que se han vivido en esos países, no contra guerrillas o fuerzas subversivas que antes ocupaban estos territorios, sino con mercenarios vigilantes de cultivos, laboratorios y rutas.

El último de estos ataques tuvo lugar el fin de semana en el Río Yaraví, en la frontera entre Brasil y Perú en plena selva, cuando fue atacado un puesto de vigilancia militar de nombre San Fernando y que controla el paso entre los países y que se convierte en uno de los impedimentos para que los narcotraficantes, puedan sacar su producto por los corredores que han ido creando a través de embarcaciones rápidas.

En el ataque fallecieron los cuatro militares que se encontraban presentes en el puesto de control al caer la tarde del pasado sábado en medio del calor tropical y la humedad de la selva. Según los reportes, los mercenarios narcotraficantes atacaron con fusiles y tras dar muerte a los militares, saquearon el lugar robando las pistolas, fusiles y municiones.

Los ataques se vienen repitiendo en las zonas selváticas de Colombia, Perú y Brasil en donde los narcotraficantes aprovechan la tupida vegetación para camuflar tanto cultivos y laboratorios, impidiendo que satélites y aviones puedan captar la ubicación de los mismos.

El ataque del fin de semana fue puesto en conocimiento público por el jefe del puesto fronterizo, el  suboficial Manuel Quiroz Huayambal, quien dio parte que fueron en total ocho las personas que atacaron desprevenidos, para luego huir con las armas en dos embarcaciones.

Las autoridades tratan con dificultad controlar la zona, pero la dificultad hace casi imposible que el creciente narcotráfico pueda ser intervenido en las amplias zonas de selva que tienen tantas ramificaciones fluviales como un laberinto.

El Coronel Juan Carnero García, coordinador y jefe de la policía en Loreto, regional que cubre la zona del río Yaraví, informó que se activaron dispositivos de persecución y búsqueda de los sicarios en coordinación con la policía de Brasil, con quienes se tienen planes coordinados.

Del lado de Colombia, el ejército creó una base antinarcóticos equipada con embarcaciones acorazadas y armadas que recorren los afluentes al Río Amazonas. Brasil tiene dispuesto en varios puntos de su frontera, personal activo y vigilancia aérea mientras perú refuerza sus puntos terrestres.

Entre los tres países se han acordado acciones conjuntas para controlar la producción y tráfico de drogas en lo que ha sido calificado como un reto. Fuentes militares colombianas informaron que la guerra de las ciudades contra el narcotráfico es cosa del pasado, lo que subsiste en las ciudades es el microtráfico con organizaciones delincuenciales, que para poder sostener sus estructuras mezclan el secuestro, la extorsión y el robo; mientras que las estructuras y el fuerte de la producción y envío por toneladas de droga, se realiza desde las zonas selváticas.

La zona de selva limítrofe entre Colombia, Perú y Brasil, es denominada en el nudo amazónico y se ha convertido en espacio estratégico para la huída de los narcotraficantes. Por eso la activación de apoyo entre las fuerzas armadas y de policía antinarcóticos de los tres países, considera la posibilidad de permitir el ingreso territorial hasta ciertas distancias mientras de manera coordinada y como apoyo, pero mientras esos acuerdos no se reglamenten y sean aprobados totalmente por cada país, será muy difícil que se puedan poner en práctica.

Los acuerdos internacionales coordinados por los Estados Unidos en materia de drogas, tienen estipulado el apoyo técnico y de inteligencia en la zona de selva al tiempo que se habla de la destinación de un contingente de tropas norteamericanas, que se aprovechará en el campo para ser entrenadas y replicar las tácticas contra el narcotráfico en otros países del mundo.

Una de las preocupaciones de las autoridades, es el uso cada vez  más creciente, de “narcosubs”, como se denomina a los submarinos para río capaces de transportar hasta 14 toneladas por los afluentes fluviales evitando el tráfico aéreo cuyas rutas están cubiertas por satélites y radares.

Los narcosubs, son embarcaciones que navegan bajo las aguas de los ríos a baja profundidad, con motores diesel en su  mayoría, siendo invisibles en la mayoría de los casos a los controles militares y policiales. No obstante, no todos los tramos de ríos son óptimos, por lo que las corrientes y sequías hace que los narcotraficantes tengan que arriesgar más, por lo que atacan las tropas en acciones que, según fuentes de inteligencia, pueden ser señuelos para desplazar tropas y poder pasar los cargamentos.

La guerra contra las drogas en los carteles de producción, es ahora el nuevo objetivo de los países en cooperación y si bien el esfuerzo se hace entre naciones limítrofes, cada uno conforma sus equipos dispuestos a sumarse a la guerra transnacional, en la medida que el problema lo compromete y que la decisión política del mandatario tenga voluntad.

En la actualidad los informes de la Secretaría de Estado de los Estados Unidos, tiene dividido el narcotráfico por sectores, siendo Bolivia, Brasil, Colombia, Perú y Venezuela los principales cultivadores y fabricantes de la droga. Los nuevos cárteles de transporte hacia los Estados Unidos y Europa han trazado rutas que, en ocasiones parecieran darle la vuelta a medio mundo. Los principales países lanzadera son Venezuela, Colombia y Brasil. Los países encargados de almacenarla de pasos intermedios están en centroamérica, El Salvador, Guatemala, Nicaragua y México que a su vez hacen uso de islas del Caribe y los grandes cárteles de distribución son mexicanos y venezolanos, quienes a su vez administran los negocios.

Las rutas de envío utilizan ahora países africanos y embarcaciones en aguas internacionales que sirven de bases de paso móviles. Por supuesto Panamá y las islas caribeñas continúan siendo los lugares de depósito de dinero mientras, según los informes, el lavado de dinero comienza a realizarse a través de otros métodos que van dirigidos mas al intercambio y negocios pequeños donde el efectivo es difícil de rastrear.

Lo depósitos de dinero finales están también en la selva bajo la metodología de la caleta subterránea, forma de esconder el dinero propagado por las Farc de Colombia, dónde se almacenaban dinero y armas. Los informes de inteligencia, buscan ahora estrategias de comandos jungla que pueden hacer lecturas de zonas y rutas que pueden interceptarse, hasta donde los medios de comunicación no llegan y el negocio funciona bajo total discreción, a través de otros negocios complementarios como la minería ilegal, la maderera y el tráfico de especies exóticas.

Uno de los problemas que revelan los organismos de seguridad dedicados a combatir el narcotráfico, está en que éste no es un delito penalizado de igual manera en diferentes países, siendo en algunos mas provechoso y beneficioso dada la flexibilidad de las leyes, las mismas que están conectadas con la corrupción de funcionarios, políticos y efectivos policiales de base. Es por ello que hay poblaciones donde la economía está basada en la aceptación del fenómeno narco; poblaciones apartadas sin dios y sin ley, olvidadas de los Estados centralistas y en donde el que tiene el dinero tiene el poder y la protección del pueblo.

Fotos: Idl-repoteros, Inforegión, Luis F Torres, Contacto Hoy, Ojo Público.