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El misógino “Matador”

Por: Margarita Restrepo

Hace unos días, el presidente Álvaro Uribe, escribió un mensaje en su cuenta de Twitter que resulta profundamente esclarecedor: “los payasos no son para pelear; son para divertirse”. Los caricaturistas, con una alta dosis de buen humor, se encargan de hacer una interpretación de la realidad que vive una sociedad.

La libertad de prensa, bien superior sobre el que se sustenta la democracia de una nación, es intocable y mal hacen quienes, de una u otra forma, intentan silenciar a los periodistas.

No son pocas las naciones en las que las personas son hostigadas, perseguidas y hasta encarceladas por expresar su pensamiento. Colombia, a pesar de las grandes dificultades y amenazas contra su democracia, ha podido salvaguardar la libertad de prensa. Claro que hay episodios lamentables de violencia y constreñimiento contra comunicadores.

Valga recordar los casos del gobierno anterior, muy amigo de la repartición de “Mermelada” y poco tolerante con los periodistas críticos, como Hassan Nassar y Vicky Dávila, por citar dos casos concretos. Tanto él y ella, fueron objeto de una lamentable persecución evidentemente urdida desde la Casa de Nariño.

Hay un hecho cierto: todos los periodistas -como cualquier otro ser humano- tienen ideas políticas. Y eso no tiene por qué ser reprochable. Lo que sí considero que resulta desleal, es que traten de engañar a sus oyentes, televidentes o lectores, posando de independientes cuando no lo son.

Hay límites que no son tolerables desde ningún punto de vista, como las estigmatizaciones por motivos de raza, religión o género. Si el caricaturista del diario El Tiempo, “Matador” es antiuribista, eso no tiene por qué causar molestia. Él, es libre de oponerse a las ideas del expresidente Uribe. Si él está de acuerdo con el pacto de impunidades que Santos celebró con las Farc, también es libre de expresarlo.

En cambio, sí generan ocupación sus sistemáticas burlas hacia sectores religiosos, como la comunidad judía y concretamente al Estado de Israel. Utilizando palabras de muy grueso calibre, ese caricaturista ha caído en generalizaciones y estigmatizaciones, las cuales han sido fuertemente rechazadas, tanto por la embajada israelí en Bogotá, como por líderes de la comunidad judía, como el profesor Marcos Peckel.

Recientemente, el caricaturista denigró a todas las mujeres, a través de una burla despiadada de la primera caminata espacial de dos astronautas.

El dibujo, reprochable desde todo punto de vista, muestra a las dos exploradoras espaciales siguiendo las indicaciones de unos descuentos en almacenes.

Las reacciones no se hicieron esperar. Ninguna expresión de misoginia es tolerable y menos cuando proviene de una persona como el caricaturista “Matador” que ha dado sobradas muestras de ejercer su oficio, estimulado por el odio, sentimiento que ahora hace manifiesto hacia las mujeres.

Mucho esfuerzo y sacrificio nos ha costado lograr que nuestros derechos sean respetados, para que ahora el caricaturista “estrella” del diario El Tiempo pisotee la dignidad de las mujeres como efectivamente lo hizo.

Urge una explicación suya, pero sobre todo un compromiso cierto de que, al margen de sus traumas, malquerencias y resentimientos, ese tipo de descalificaciones -las cuales son la manifestación de sus convicciones íntimas- no volverán a presentarse. Estimular el odio hacia las mujeres a través de la propagación de estereotipos, mostrándonos como seres cuyo único interés es el de salir de compras, además de irrespetuoso, es mentiroso, canalla y, repito, absolutamente reprochable, venga de quien venga.

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