miércoles, enero 19, 2022
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El «Alcalde de Fantasía»

La frase de Marx de que la historia ocurre dos veces, la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa, no necesariamente es aplicable al ambiente latinoamericano, porque aquí la historia suele repetirse mil veces, sí, pero la primera vez como sainete y las demás, también, como sainete.

Pongamos como ejemplo el embarazoso problema de las “suplencias” de los presidentes. Hasta 1977, si el presidente de Colombia viajaba al exterior, la historia le encimaba otro presidente. Efectivamente, el presidente viajero posesionaba como presidente encargado -permiso previo del Senado, banda presidencial, desfile y banquete de por medio-, al suplente, llamado por la constitución “designado a la presidencia”. Los dos últimos expresidentes, que lo fueron sin ser presidentes de veras, son los aristócratas ‘patojos’ o payanenses, Víctor Mosquera Chaux y Carlos Lemmos.

El sentido común, y el avión, que volvió cosa rutinaria que los presidentes viajen al exterior, obligaron a una reforma. En 1977, como ya se dijo, un Acto legislativo mandó que no hubiera más expresidentes de fantasía y que cuando el titular viajara, dejara un Ministro Delegatario con funciones presidenciales, sin que por ello hubiera que decirle “señor ex expresidente” y otorgarle pensión vitalicia.

A pesar del Acto legislativo, la inercia cortesana hizo que algunos no se conformaran con tanta modestia republicana. En 1987, cuando el presidente Barco viajó al exterior, su ministro de gobierno, Orlando Vásquez Velásquez, hizo caso omiso de la nueva realidad. No fue sino ver desaparecer en la lontananza el avión presidencial, para salir, raudo, a recibir banda presidencial, honores militares y banquete conmemorativo. Se pronunciaron discursos y hubo múltiples comentarios zalameros de áulicos. Hasta se constató el heroísmo de los familiares mas cercanos cuando lograron reprimir unas emocionadas lágrimas que pugnaban por salir a raudales. Algunos ministros asistieron al ágape -y supieron reprimir, ellos también, unas lágrimas burleteras, aunque, eso sí, se hicieron los pendejos cuando el delegatario los citó a Consejo de Ministros.

Guardadas proporciones, el mismo sainete acaba de representarse en Medellín. En los anales de la ciudad nunca se supo de un viaje al exterior más publicitado que el que realiza el alcalde, el histriónico señor Daniel Quintero. Para la ocasión, Quintero inventó la figura de “Designado a la alcaldía” y designó (suena redundante) a su Secretario de Inclusión, un señor Juan Pablo Ramírez. Dicen en los mentideros políticos que Ramírez es el guardián de la filosofía y la obra quinterista o quinteriana y que será el candidato oficialista a la alcaldía de Medellín en 2023, si es que Medellín sobrevive a esa pandemia llamada “pinturita”.

Ramírez, como el antiguo ministro de Barco, tuvo también ceremonia de posesión, ha animado celebraciones en su Comuna 4 y se le ve en multitud de actos que informa y promociona desde sus redes sociales. También -no podía faltar- presidió un Consejo de Gobierno y, seguramente, rematará faena con un saque de honor en algún partido del Nacional.

Sí. Aquí la historia suele repetirse mil veces, la primera vez como sainete y las demás, también, como sainete.

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