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sábado, diciembre 3, 2022
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Disfrutando de las comodidades del capitalismo que repudió, murió Pablo Milanés

Murió sin arrepentirse. Solo tenía un profundo desencanto por lo que pasaba en su Cuba natal. Pero no se equivoque: Pablo Milanés no rechazaba ni la revolución, ni al comunismo, pues él solo percibía que el sistema no operaba adecuadamente esa maquinaria de destrucción y muerte.

Murió en la comodidad de Madrid, en la Clínica Universitaria de Navarra, y no en medio de las penurias de La Habana, ciudad de la que pudo despedirse hace unos meses, o en su natal y miserable Bayamo. Esa despedida no la pudo hacer, por ejemplo, Celia Cruz, a quien le fue imposible compartir su música con los cubanos. Tampoco lo ha podido hacer Gloria Estefan, pese a la «apertura» claudicante del gobierno norteamericano con la isla.

Sin embargo, extrañamente, un «disidente» como Pablo Milanés si pudo despedirse de su gente y recordar aquellas canciones que motivaban la rebeldía y el «sueño» de revolución en las juventudes hispanoamericanas. De seguro, la lealtad que conservó con los Castro permitió que siguiera siendo protagonista, pues el pedía un cambio en Cuba, y, de ser posible, «conservando a los Castro en el poder».

Él fue la gran bandera de la revolución cubana y tal vez esa complicidad con un régimen brutal, miserablista y liberticida como el de los hermanos Castro, le permitió realizar el concierto.

Pablo Milanés «solo» se demoró 33 años en desencantarse de lo que pasaba en Cuba. Fue en 1992 cuando dijo que tenía «la convicción de que definitivamente el sistema cubano había fracasado». Decía sentirse atormentado por la violación de derechos humanos en la isla y por la persecución y el encarcelamiento de los críticos del régimen, pero no hablaba del factor que condujo a los cubanos a la tragedia que padecen: el comunismo.

Definitivamente, Salud Hernández resumió la paradoja de Milanés el comunista desencantado y del ser que pudo morir en una tierra con libertad: «Es indudable que Pablo Milanés fue un gran cantautor. Pero igual fue repudiable, injustificable, su complicidad con la dictadura castrista. Él vivía muy bien, era libre. Distinto a sus compatriotas, sometidos al criminal comunismo».

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