domingo, enero 16, 2022

Desmitificando al “GRANMA”

Por: Carlos Andrés Echavarría Blandón.

Todos los 2 de diciembre se celebra en Cuba el día de Las Fuerzas Armadas Revolucionarias como conmemoración al desembarco de los barbudos en el año 1956 para derrocar la terrible dictadura de Fulgencio Batista.

Toda la “mitología” de ese día fue decretada por Fidel Castro en el año 1961, fiel copia del Putsch de la Cervecería de Adolf Hitler donde 16 militantes murieron durante los disturbios ocasionados cuando decidieron intentar tomarse por la fuerza el poder en Alemania el 8 y 9 de noviembre de 1923. En honor a los caídos se crearon iglesias y altares, todo bajo la atenta supervisión del líder de las SS, Heinrich Himmler, quien conocía a la perfección la importancia de la creación de nuevas figuras de culto que suplieran y borraran las del pasado.

En uno de los capítulos del libro, “La máquina de matar” del historiador y abogado argentino, Nicolás Márquez, se presenta un capítulo dedicado a los acontecimientos de ese desembarque, escritos a puño y letra de uno de los participantes y actor fundamental de la historia de nuestro continente en la segunda mitad del siglo XX, Ernesto Guevara de la Serna, en donde se evidencia que la realidad fue ampliamente modificada para presentar una terrible derrota en una acción gloriosa digna de un cuento de hadas.

Durante su exilio en México, Fidel Castro ideaba planes sobre las posibles formas de tomarse el poder y derrocar a Fulgencio Batista, -quien lo había indultado por el intento de golpe de estado que intentó dar en año 1953-, pero todos los planes requerían de mecenas que financiaran la compra de armas, suministros y pago de los combatientes, “Castro partió de las tierras aztecas en octubre (1954) no hacia la URSS, sino al demonizado <<imperialismo>> estadounidense”, fue allí donde los ciudadanos cubanos que fueron expulsados por la dictadura, recolectaron fondos en las principales ciudades americanas para patrocinar la empresa de Castro y éste en contraprestación “se comprometió públicamente a desembarcar en Cuba antes de que finalice 1956

Con los fondos obtenidos, en julio de 1955 se pudo establecer un contingente cercano a 100 personas en una finca en las afueras de Guadalajara, en donde recibieron entrenamiento militar en todo lo relacionado con armas cortas, armas largas, fabricación de bombas, etc., el cual alternaban con estudios que más bien era un adoctrinamiento sobre las teorías marxistas; pero cuando fueron acusados de estar conformando un ejército comunista, “Castro por su parte contestaria la infame imputación de <<comunista>> que sobre ellos recaía alegando que era una acusación absurda” y como en esos momentos la libertad de prensa era respetada por Batista, la perorata de Fidel fue publicada en los principales diarios de la Habana en donde Fidel acusaba: “fue Batista quien en las elecciones de 1940 fue el candidato oficial del partido comunista y que en su gobierno actual incluye numerosos comunistas” cosa totalmente cierta hábilmente manejada por un maestro de la distracción como lo era Fidel quien para esa época se presentaba como: “demócrata antimarxista

Tras 16 agitados meses de entrenamiento y preparativos en México, Fidel, Raúl, el Che y otros 79 hombres más, en la madrugada del 25 de noviembre de 1956, parten desde el muelle de Tuxpan hacia Cuba”, su trasegar se hace en un pequeño bote llamado Granma, el cual compraron con un aporte en efectivo realizado por la CIA para la campaña a través de un intermediario, el expresidente de Cuba Carlos Prío Socarrás, exiliado en Miami. No todos los combatientes entrenados en México pudieron abordar el barco, por esa razón se quedaron 50 hombres en tierra manita a la espera de un nuevo transporte que los llevara a la isla.

Al ser una acción de invasión a un país, el trayecto no fue directo, el Che en uno de sus diarios escribió al respecto: “la ruta elegida comprendía una vuelta grande por el sur de Cuba, bordeando a Jamaica, las islas de Gran Caimán, hasta el desembarco en algún lugar cercano al pueblo Niquero, en la provincia de Oriente” pero las condiciones de aquel viejo navío, el cual estaba sobrecargado y que presentaba problemas técnicos con regularidad, también fue descrito por Guevara: “El barco entero presentaba un aspecto ridículamente trágico; hombres con la angustia reflejada en el rostro, agarrándose el estómago. Unos con la cabeza metida dentro de un cubo y otros tumbados en las más extrañas posiciones, inmóviles y con las manos sucias por el vómito”. Incluso Fidel dijo al respecto: “Probamos el Granma en aguas tranquilas y además con poca tripulación, nadie sabía lo suficiente como para darse cuenta de que al montar 82 hombres en aquel barco, más las armas, agua, combustible, alimentos, (…), iba a disminuir mucho la velocidad. No solo disminuyó la velocidad, sino que por poco se hunde (…); aquella era una cáscara de nuez bailando en el golfo de México

Todas esas penurias, hizo que la travesía fuera de 172 horas, casi 48 más de lo planeado, tocando tierra el 2 de diciembre de 1956, eso sin contar con que no pudieron desembarcar en donde tenían proyectado en Niquero, sino a unos 30 kilómetros más al sur; el Che lo relató: “más que un desembarco, fue un naufragio”. Tal demora provocó el primer traspié en el plan de Fidel, el cual consistía en que un grupo de rebeldes en Cuba conformado por casi 100 unidades, atacaran en la ciudad de Manzanillo, otros grupos de unos 50 efectivos cada uno, atacaría en Matanzas, Holguín y Santiago, mientras tanto el grupo de Castro desembarcaría y se movilizaría hasta la Sierra Maestra en donde estaría su escondite. Según el “desquiciado plan”, se produciría un levantamiento popular ante esos ataques, que conducirían a miles de cubanos a las calles y terminaría con la deserción de Batista, pero “A primera vista, la empresa parecía absurda desde el punto de vista militar, puesto que dos o tres centenas de guerrilleros precariamente preparados jamás podrían vencer a Batista, quien contaba con más de 40 mil hombres, centenares de tanques, diez navíos de guerra, quince guardacostas y sesenta y ocho aviones de combate y transporte

Las acciones comenzaron el 30 de noviembre en la ciudad de Santiago, la respuesta de Batista fue decretar el Estado de Sitio y neutralizó rápidamente la insurrección. Ahora alertado de la inminente llegada de Castro, quien era muy popular en todo occidente, movilizó sus tropas hacia las costas y divisaron la llegada del Granma el 2 de diciembre. Al desembarcar los hombres, quienes estaban cansados, enfermos y deshidratados, fueron recibidos adecuadamente: “un feroz ataque de las fuerzas bastinianas genera un caos en las tropas insurgentes. El desbande fue generalizado, los guerrilleros caían como moscar

El Che quien sobrevivió al ataque escribió: “Quedé tendido; disparé un tiro hacia el monte siguiendo el oscuro impulso del herido. Inmediatamente me puse a pensar en la mejor manera de morir en ese minuto en que todo parecía perdido. Recordé un viejo cuento de Jack London donde el protagonista, apoyado en un tronco de árbol, se dispone a acabar con dignidad su vida al saberse condenado a muerte por congelación en las zonas heladas de Alaska. Es la única imagen que recuerdo” Una evidencia clara de todo estaba mal desde la planeación y en ese preciso instante, la gloria del mito contrasta con la realidad, allí no reinaba el heroísmo, solo el caos y el instinto de supervivencia de cada uno.

Los pocos sobrevivientes a ese primer ataque buscaron refugio y huyeron como “ratas” hacia la Sierra Maestra, esperando encontrarse con algún otro camarada que hubiera sobrevivido; ya no tenían provisiones, ni armas, ni nada “veníamos extenuados después de una caminata, no tan larga como penosa (…) perdiendo casi todo nuestro equipo y caminando durante interminables horas por ciénagas de agua de mar, con botas nuevas; esto había provocado ulceraciones en los pies de casi toda la tropa (…) Ya no quedaba de nuestros equipos de guerra nada más que el fusil, la canana y algunas balas mojadas. Nuestro arsenal médico había desaparecido, nuestras mochilas se habían quedado en los pantanos (…) Debido a nuestra inexperiencia, saciábamos nuestra hambre y nuestra sed comiendo cañas a la orilla del camino” relató el Che en su diario.

Ese peregrinar sin rumbo, se hacía en silencio y a hurtadillas debido a que el ejército de Batista lo buscaba; al oír a un avión se escondían en los matorrales, deciden caminar solo en las noches y por los acantilados para evitar terrenos abiertos o la luz del día; para el 8 de diciembre escribe Guevara en su diario: “no comimos nada

El 21 de diciembre se pudieron reencontrar en el campamento de La Sierra Maestra, de los 82 expedicionarios que abordaron el Granma, solo 12 lograron sobrevivir, una derrota aplastante desmoralizadora, que pudiera haber dado al traste con cualquier intento de seguir en esa absurda lucha, pero Castro demostró en ese preciso instante lo que sería en el resto de su vida, un tirano, “¡Quiero disciplina! … porque sin disciplina no vamos a ninguna parte. El primero que sea sorprendido en estado de insubordinación, deserción o derrotismo, será fusilado inmediatamente. ¿Entendido?

El libro, “La Máquina de Matar”, el cual está disponible en Amazon y en otras plataformas y librerías, es de obligatoria lectura para las personas que desean conocer a fondo a uno de los principales líderes y figuras de la izquierda que hoy lo muestran como un gran prohombre, el ser humano nuevo y perfecto que todos deben emular, sin saber que fue una persona que solo merece desprecio ante su memoria y legado.

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