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Bogotá: los vándalos y sus dos universidades

Por Francisco Torres Archila

Las Universidades Pedagógica y Distrital, situadas en lugares relevantes y centrales de Bogotá, han sido y lo son actualmente (guardando ciertas excepciones) semilleros, refugios y nidos de criminales, antisociales y vándalos muy peligrosos, que tienen por consigna establecer el terror en cualquier momento. Actúan como verdaderos bárbaros enloquecidos por su resentimiento social y odio a la civilidad y la decencia.

Estas dos universidades son focos perniciosos como lo era el llamado “Bronx” de Bogotá. Deberían ser lo contrario, pero son una calamidad. Hace años que esas universidades son un pudridero contra la juventud. Han sido un centro de instrucción ideológica comunista. Allí los jóvenes están expuestos a todo tipo de tráficos de droga y de consumo de substancias tóxicas. Esos centros “educativos” son una de las peores desgracias de la ciudad. Al momento de escribir esta nota, la capital del país recibe nuevos golpes de esos vándalos, organizados por la extrema izquierda admiradora del dictador Nicolás Maduro.

La triste verdad es que en Bogotá existe una organización cada vez más grande y eficaz de terroristas urbanos compuesta de desadaptados sociales entre los 15 y 30 años. Ellos encuentran en estas universidades un nicho propicio y cómplice para sus acciones terroristas. A esos encapuchados les pagan para que estén dispuestos a actuar en cualquier momento, para crear el caos y el pillaje, para destruir vitrinas, buses, amueblamiento urbano, para poner explosivos en los distribuidores de billetes, violando las leyes y atacando cobardemente a los civiles y a la autoridad, para desestabilizar el gobierno y las instituciones.

La Universidad Distrital está cuestionada por corrupción y desfalco económico por diez mil quinientos millones de pesos que fueron desviados a favor de directivos de esa universidad. Que injusticia que este costo social tan alto para la ciudad esté en manos de delincuentes en un país que trata de recomponerse con dificultad.

Lo más grave es que ningún gobierno anterior, nacional y distrital, ha querido ni podido hacer nada definitivo para erradicar esos focos de delincuencia y corrupción. Si algo hubieran hecho en el pasado, no estaríamos como estamos ahora.

No debe haber en el país encapuchados que no sean capturados e identificados por las autoridades. No debe haber en el país lugares vedados a las autoridades en su misión de restablecer el orden y hacer respetar las leyes.

Sin embargo, algunos rectores de Universidades están contra los lineamientos de la Constitución política. Su pretexto falaz es la llamada “autonomía universitaria”. Lo que ellos defienden, en realidad, es la anarquía y la destrucción de la universidad.

Con poquísimas excepciones los gobiernos hasta ahora han sido débiles y permisivos ante ese problema, porque le temen al Congreso con sus políticos corruptos y a los medios de comunicación que se arrodillan ante los poderes de facto y financieros más oscuros. Por ello es que muchos decimos con gran tristeza que, a este país, en muchas ocasiones, le queda grande la democracia.

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