lunes, marzo 8, 2021
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Al diablo con la incultura

AL DIABLO CON LA INCULTURA

Por: Claudia Posada

Aunque en esencia la Navidad conmemora el mismo acontecimiento para el mundo, cada país lo hace a su manera según sus credos, tradiciones, e inclusive conforme a los climas, geografías, y las estaciones,  invertidas en cada hemisferio del Planeta. Los colombianos, a ritmo tropical, con nuestras muy arraigadas creencias, las costumbres en familia y el homenaje al Niño Dios en el pesebre, rezamos alrededor la novena de aguinaldos.  Particularmente en Medellín, los alumbrados han sido un símbolo de esta época, admirados por propios y visitantes, consiguiendo  el reconocimiento nacional e internacional.

EPM se ha lucido año tras año, y en este 2020 de virus, recesión, huracanas, dolor y muchas lágrimas, no nos va a fallar; ya empezamos a ver la instalación de los motivos que para este fin de año evocan las  culturas de la diversidad regional expresada en carnavales que, como el de Riosucio, esta vez, lamentablemente, no podrá llevarse a cabo. Solamente dos veces en la historia de esta localidad, el diablo, icono de las fiestas que iniciaron en 1911, famosas por el jolgorio, las comparsas, los decretos fiesteros, y la alegría que en ningún momento confunde el demonio de los mitos, con el “personaje” rojo intenso que recuerda a los antepasados, indígenas, negros y mestizos con sus ritos hace años enterrados, podrá salir. Ésta y la vez de la violencia política que arrasaba pueblos, se canceló el Carnaval.

Medellín es preciosa en Navidad y año nuevo, infortunadamente desde hace algunos lustros se ha visto empañada  -época de paz y amor- por prácticas impuestas desde la mentalidad que evidencia crisis y  violencias imposibles de negar, existe y se alimentan soterradamente. No se nos olvida que hace varias décadas la pólvora, por ejemplo, era permitida siempre y cuando no fuera detonante; de luces había “pilas”, “chorrilllos”, “mechitas”,  “bengalas” y similares, que los adultos compraban para los niños sin la conciencia de hoy que, por fortuna, ha cambiado en las personas sensatas.

Sin embargo,  en algunos sectores relacionados con otro tipo de posturas nada buenas para la convivencia  ciudadana, ponen año tras año en serios aprietos a los mandatarios locales de turno, tratando de aplicar los códigos de política. Para este año, se propuso el reto de alcanzar “25.000 Selfies por los Animales”,   como ingrediente que potencialice la  estrategia ya existente en el Área Metropolitana del Valle de Aburrá, que busca la protección requerida para los animales de compañía, las aves y otras especies que sufren gravemente por culpa de la pólvora detonante. Se convocó entonces a los ciudadanos que aman a sus mascotas, para que participen en la #Huellatón; nos invitan a tomarnos una selfie con nuestro contemplado de 4 patas y subirla a a www.huellaton.com, a las redes sociales con las etiquetas #Huellatón, Alcaldía de Medellín y Areametropol. “Ayúdanos a generar conciencia para reemplazar la pólvora en las celebraciones de fin de año. #EnciendeTuLuz”, dice la convocatoria que merece aplausos y acogida.

Bueno, pero Medellín es de unos contrastes socio-culturales insólitos. Mientras las matronas que toda familia antioqueña tiene, quiere y respeta, piensan en cómo se va a celebrar la Navidad en familia sin correr ningún riesgo y poder así disfrutar de los manjares tradicionales, otros reúnen fuertes sumas de dinero para una noche de recibimiento al mes de diciembre con mucho estruendo, a punta de detonaciones asustadoras impulsadas por la locura de quién sabe  qué otros elementos destructivos, mientras centeneras de niños esperan ansiosos el día que el Niño Dios les cumplirá sus deseos.

Es eso la Navidad en una ciudad como la nuestra en donde las diferencias sociales son cada vez más profundas, en la que muchos recordamos con inmensa gratitud lo que disfrutamos en aquella época tan especial,  pero que en este fin de año en particular,  las circunstancias que el mundo padece, incorporan reflexiones que sacuden el alma.

El país está convulsionado. Nuestra ciudad, entre tanto,  se ocupa de preparar una revocatoria que quiere –con todo derecho porque es una acción amparada en la democracia participativa- retirar del cargo que le dio el voto ciudadano al alcalde; esto, siempre y cuando se demuestre que no está cumpliendo con lo presentado en su Plan de Gobierno.

“La filosofía de la revocatoria del mandato, tiene como pilar fundamental, la soberanía popular, sistema donde el poder ciudadano puede controlar la calidad de la gestión de sus mandatarios regionales y remover del cargo a quién ha incumplido con sus promesas de campaña, establecidas en su programa de gobierno y materializadas en el Plan de Desarrollo”. Así que es importante  recalcar que no se trata de convocar caprichosamente, con argumentos para descalificarlo en su gestión, tan infames  como el que vimos en las redes sociales, en el que, palabras más palabras menos, decían de Daniel Quintero que quizás no tuvo una Navidad de bonitas tradiciones paisas, porque tal vez en su barrio, Tricentenario, no lo celebraban así. Y todo porque tiene más resonancia la afirmación que hacen cuando aseguran que el “Diablo de Riosucio” es un elemento perturbador contrario a las costumbres cristianas, que  las explicaciones pertinentes que podrían ponernos en sintonía con el resto de las culturas regionales de Colombia.

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